IV - Los Beneficios de la Moralidad

Los beneficios que la moralidad brinda a aquel que la asume, pueden ser divididos en tres clases: 1) los beneficios pertenecientes a la vida presente; 2) los beneficios pertenecientes a las vidas futuras; 3) el beneficio del bien último. Esto discutiremos a continuación.

1- Beneficios pertenecientes a la vida presente

En el nivel más elemental, la observancia de los cinco preceptos protege a alguien de caer en problemas con la ley, asegurando inmunidad al menos al castigo temporal, al considerar estas acciones cubiertas por los preceptos. Matar, robar, cometer adulterio, rendir testimonios falsos y comportarse irresponsablemente por causa de estar bebido, son causas penadas por la ley. Alguien que asume los cinco preceptos evitará los castigos consecuencia de estas acciones a través de abstenerse de las acciones que los provocan.

La observancia de los preceptos acrecienta otros beneficios temporales. Seguirlos ayuda a establecer una buena reputación en medio de los sabios y virtuosos. En un nivel más interno conduce a una clara conciencia. Las repetidas violaciones de los principios éticos fundamentales, aún si escapan a la detección, tienden a crear una conciencia perturbada - el dolor de la culpa, la inquietud y el remordimiento. Pero el mantener los preceptos conduce a estar libre de remordimientos, a un alivio de conciencia que puede evolucionar en la "dicha libre de culpa" (anavajjasukha), cuando revisamos nuestras acciones y comprendemos que ellas son sanas y buenas. Esta claridad de conciencia fomenta otro beneficio, la habilidad para morir en paz, sin temor o confusión. En el momento de la muerte, las diferentes acciones que hemos ejecutado regularmente en el curso de la vida, ascienden a la superficie de la mente, proyectando sus imágenes como películas en pantalla. Si las acciones insanas fueron prevalentes, su peso será predominante y causarán temor al aproximarse la muerte, conduciendo a un fin confuso y doloroso. Pero si las acciones sanas fueron prevalentes en el curso de la vida, tomará lugar lo opuesto: cuando la muerte llegue seremos capaces de morir en calma y en paz.

2- Beneficios pertenecientes a las vidas futuras

De acuerdo a las enseñanzas del Buddha, la forma de renacer que tomamos en nuestra siguiente existencia está determinada por nuestro kamma, que son las acciones volitivas que hemos ejecutado en esta existencia presente. El principio general que gobierna el funcionamiento del proceso de renacer es que el kamma insano conduce a un renacimiento desfavorable y el kamma sano a uno favorable. Más específicamente, si el kamma construido a través de romper los cinco preceptos se vuelve la causa determinante de la forma de renacer, conducirá a renacer en uno de los cuatro planos de la miseria - los infiernos, el reino de los espíritus carenciados, el mundo animal o el mundo de los asuras. Si como resultado de algún kamma sano una persona que regularmente viola los cinco preceptos, debiera renacer como ser humano, entonces cuando su kamma insano madure, producirá pena y sufrimiento en su estado humano. Las formas que este sufrimiento toma, corresponden a las transgresiones. Matar conduce a la muerte prematura, las malas conductas sexuales a la enemistad, el lenguaje falso a ser engañado y calumniado por otros y el uso de intoxicantes a la pérdida de la inteligencia.

La observancia de los cinco preceptos por el otro lado, provoca la acumulación de kamma sano, tendiendo a renacer en los planos de la felicidad, por ejemplo, en el mundo humano o en el divino. Este kamma nuevamente viniendo a madurar en el curso de la vida, produce resultados favorables relacionados con la naturaleza de los preceptos. Así, abstenerse de privar de la vida conduce a la longevidad, abstenerse de robar conduce a la prosperidad, abstenerse de lenguaje falso conduce a una buena reputación y abstenerse de intoxicantes conduce a la atención y a la sabiduría.

3- Beneficios del Bien Último

El bien último es la realización de Nibbāna, la liberación de la rueda de renacimientos y puede ser alcanzado ya sea en la vida presente o en alguna vida futura dependiendo de la maduración de nuestras facultades espirituales. El Nibbāna es alcanzado a través de la práctica del sendero que conduce a la liberación, el Noble Óctuple Sendero, en sus tres estados de disciplina moral, concentración y sabiduría. El más fundamental de estos tres estados es el de la disciplina moral o la moralidad, el cual comienza con la observancia de los cinco preceptos. El asumir los cinco preceptos, puede entonces ser entendido como el primer paso real tomado a lo largo del sendero hacia la liberación y el fundamento indispensable para los logros más altos de concentración y sabiduría.

La moralidad funciona como el fundamento del sendero, en dos sentidos. Primero, la observancia de la moralidad promueve una clara conciencia, esencial para el desarrollo de la concentración. Si a menudo actuamos contrariamente a los preceptos, nuestras acciones tienden a ocasionar el remordimiento, mismo que asciende a la superficie de la mente cuando nos sentamos a meditar, creando inquietud y sentimiento de culpa. Si actuamos en armonía con los preceptos, nuestras mentes serán imbuidas de una dicha y claridad de conciencia las cuales ayudan a que la concentración se desarrolle fácilmente. La observancia de los preceptos conduce a la concentración en un segundo sentido: nos rescata del peligro de ser atrapados en un fuego cruzado de motivos incompatibles que perturban el estado meditativo de la mente. La práctica de la meditación que aspira a la serenidad y a la introspección, requiere aquietar las impurezas. Cuando deliberadamente actuamos violando los preceptos, nuestras acciones brotan de las raíces insanas de la avidez, el odio y la ignorancia. Entonces, al cometer dichas acciones estamos reanimando las impurezas mientras al mismo tiempo, sentados en meditación, estamos luchando para derrotarlas. El resultado es el conflicto interno, la desarmonía, una grieta de lado a lado en el centro de nuestro ser que obstruye la unificación de la mente requerida para la realización meditativa.

Al principio no podemos esperar la eliminación de las formas más sutiles de las impurezas de una vez por todas. Esto sólo se puede atacar después, en las etapas más profundas de meditación. Al inicio debemos empezar por parar las impurezas en sus formas más vulgares de ocurrencia y esto se logra restringiéndolas de alcanzar expresión a través de los canales del cuerpo y el lenguaje. Tal restricción es la esencia de la moralidad. Nosotros, por lo tanto, tomamos los preceptos como una forma de entrenamiento espiritual, como un camino para encerrar a las impurezas y prevenir que estallen hacia la superficie. Después de que las impurezas han sido encerrados y su estallido detenido, podemos trabajar en eliminar sus raíces a través del desarrollo de la concentración y la sabiduría.