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Declaración Buddhista sobre el Cambio Climático


By nandisena - Posted on 21 September 2009

Buddhismo Theravada Hispano se adhiere a la "Declaración Buddhista sobre el Cambio Climático" que a continuación publicamos. Agradecemos a la Dra. Bertha Imaz Lira por su traducción de esta declaración del inglés al español y a la Lic. Alina Morales Troncoso por la edición.


AHORA ES EL TIEMPO DE ACTUAR

DECLARACIÓN BUDDHISTA SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO

 

Hoy en día vivimos en un tiempo de gran crisis, confrontados por el desafío más grave que la humanidad haya enfrentado: las consecuencias ecológicas de nuestro karma colectivo. El consenso científico es abrumador: la actividad humana está desencadenando el colapso medio ambiental a una escala planetaria.  El calentamiento global, en particular, está ocurriendo mucho más rápido de lo pronosticado, siendo más evidente en el Polo Norte. Durante cientos de miles de años el Océano Ártico ha estado cubierto por una superficie de hielo tan grande como Australia, pero ahora se está derritiendo rápidamente. En 2007 el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) predijo que el hielo veraniego del Ártico podría deshacerse para 2100. Ahora resulta evidente que esto podría ocurrir dentro de una o dos décadas. La inmensa capa de hielo de Groenlandia también se está derritiendo más rápidamente de lo esperado. En este siglo la elevación del nivel del mar será por lo menos de un metro –suficiente para inundar ciudades costeras y áreas vitales de cultivo de arroz como las del Delta de Mekong en Vietnam.

Glaciares en todo el mundo están retrocediendo rápidamente. Si la actual política económica continúa, en 30 años desaparecerán los glaciares de la Meseta Tibetana, fuente de los grandes ríos que proveen el agua para billones de personas en Asia. Severas sequías y cosechas malogradas ya están afectando a Australia y al Norte de China. Importantes reportes del IPCC, Naciones Unidas, la Unión Europea y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza han reconocido que sin un cambio colectivo de dirección, la disminución en el suministro de agua, alimentos y otros recursos podrían crear las condiciones para la hambruna, las guerras por los recursos y la migración masiva en la mitad del siglo -tal vez para 2030, de acuerdo con el asesor científico del Reino Unido.

El calentamiento global juega un papel capital en otras crisis ecológicas, incluyendo la pérdida de muchas especies de plantas y animales que comparten este planeta con nosotros. Oceanógrafos reportan que la mitad del carbón liberado mediante la quema de combustibles fósiles ha sido absorbido por los océanos, incrementando su acidez alrededor de un 30%. La acidificación está interfiriendo en la calcificación de las conchas y arrecifes de coral y también está amenazando el crecimiento del plancton, fuente de la cadena alimenticia de la mayor parte de la vida en el mar.

Eminentes biólogos y reportes de las Naciones Unidas concuerdan en que "esta situación como tal” llevará a  la extinción a la mitad de todas las especies de la tierra en este siglo. Colectivamente estamos violando el primer precepto –“no dañar a los seres vivos”- en la mayor escala posible. Y no podemos prever las consecuencias biológicas para la vida humana cuando tantas especies que contribuyen imperceptiblemente a nuestro bienestar desaparezcan del planeta.

Muchos científicos han concluido que la supervivencia de la civilización humana está en peligro. Hemos alcanzado una coyuntura crítica en nuestra evolución biológica y social. Nunca ha habido un momento más importante en la historia para ejercer presión con los recursos del buddhismo a favor de todos los seres vivientes. Las Cuatro Nobles Verdades proveen un marco para diagnosticar nuestra situación actual y para formular conductas apropiadas –porque las amenazas y desastres que encaramos últimamente provienen de la mente humana, y por tanto, requieren de cambios profundos en nuestras mentes. Si el sufrimiento personal se origina en el apego y la ignorancia –en los tres venenos, apego, enojo e ignorancia,- lo mismo aplica al sufrimiento que nos aflige a una escala colectiva. Nuestra emergencia ecológica es una versión mayor de las perpetuas dificultades humanas. Como individuos y como especie sufrimos de un sentido del ego que se siente desconectado no solamente de otras personas sino de la Tierra en sí. Como ha dichoThich Nhat Hanh, “Estamos aquí para despertar de la ilusión de nuestro sentido de separación." Necesitamos despertar y darnos cuenta de que la Tierra es nuestra madre así como nuestra casa, y en este caso, el cordón umbilical que nos une a ella no se puede cortar. Cuando la Tierra está enferma, nosotros estamos enfermos porque somos parte de ella.

Nuestras actuales relaciones económicas y tecnológicas con el resto de la biósfera son insostenibles. Para sobrevivir las rudas transiciones que están por venir, nuestros estilos de vida y expectativas deben cambiar. Esto incluye nuevos hábitos así como nuevos valores. La enseñanza buddhista de que la salud total de los individuos y la sociedad depende del bienestar interior y no solamente de indicadores económicos, nos ayuda a determinar los cambios personales y sociales que debemos hacer.

Individualmente debemos adoptar conductas que incrementen la conciencia ecológica cotidiana y reduzcan nuestra “huella de carbono”. Aquellos de nosotros que vivimos en economías avanzadas necesitamos actualizar y aislar nuestras casas y lugares de trabajo para la eficiencia de la energía; bajar los termostatos  en invierno y elevarlos en verano; usar focos y electrodomésticos de alta eficiencia; apagar los aparatos eléctricos que no se usan; manejar automóviles con mayor eficiencia de combustible y reducir el consumo de comida a favor de una dieta saludable, basada en plantas que no dañan el medio ambiente.

Estas actividades personales solas no serán suficientes para impedir la calamidad futura. También debemos hacer cambios institucionales, tanto tecnológicos como económicos. Debemos “descarbonizar” nuestros sistemas de energía tan rápidamente como sea posible mediante el reemplazo de los combustibles fósiles por recursos de energía renovable que son ilimitados, benignos y armónicos con la naturaleza. Especialmente necesitamos detener la construcción de nuevas plantas de carbón, ya que el carbón es la fuente de mayor contaminación y mayor daño del carbón atmosférico. Sabiamente utilizados, el poder del viento, del sol, de la marea y el geotérmico pueden proporcionar toda la electricidad que requerimos sin dañar la biósfera. Ya que un cuarto de las emisiones de carbón en el mundo resultan de la deforestación, debemos revertir la destrucción de los bosques, especialmente del cinturón de los bosques de lluvia en donde vive la mayoría de las especies de plantas y animales.

Recientemente se ha vuelto muy evidente que también se necesitan cambios significativos en la forma en la que está estructurado nuestro sistema económico. El calentamiento global está íntimamente relacionado con las descomunales cantidades de energía que nuestras industrias devoran para proporcionar los niveles de consumo que muchos de nosotros hemos estado acostumbrados a tener. Desde la perspectiva buddhista, una economía sana y sustentable debería estar gobernada por el principio de suficiencia: la llave de la felicidad es el contentamiento, más que una cada vez mayor abundancia de objetos. La compulsión a consumir más y más es una expresión del apego, justo lo que el Buddha señaló como la raíz del sufrimiento.

En lugar de una economía que haga énfasis en las ganancias y que requiera del permanente crecimiento para evitar el colapso, necesitamos movernos juntos hacia una economía que provea un estándar de vida satisfactorio para todos y que nos permita desarrollar nuestro potencial (incluyendo el espiritual), en armonía con la biósfera que sostiene y nutre a todos los seres, incluyendo a las generaciones futuras. Si los líderes políticos son incapaces de reconocer la urgencia de nuestra crisis global, o no están preparados para anteponer el beneficio del bienestar de la humanidad a largo plazo ante el beneficio de las corporaciones petroleras a corto plazo, quizá necesitemos desafiarlos por medio de campañas continuas de acción ciudadana.

Recientemente el doctor James Hansen de la NASA y otros climatólogos han definido los objetivos precisos necesarios para evitar que el calentamiento global alcance un catastrófico “punto de no retorno.” Para que la civilización humana sea sostenible, el nivel seguro de dióxido de carbono en la atmósfera no debe ser mayor a 350 partes por millón (ppm). Este objetivo ha sido aprobado por el Dalai Lama, junto con otros premios Nobel y distinguidos científicos. Nuestra situación actual es particularmente preocupante debido a que el nivel actual es de 387 (ppm) y ha estado aumentando 2 ppm por año. Nuestro desafío no solamente es reducir las emisiones de carbón sino también retirar grandes cantidades de gas carbón ya presentes en la atmósfera.

Como firmantes de esta declaración de principios buddhistas reconocemos el desafío urgente del cambio climático. Nos unimos al Dalai Lama aprobando acciones para alcanzar el objetivo de 350 mmp. De acuerdo con las enseñanzas buddhistas, aceptamos nuestra responsabilidad individual y colectiva para hacer lo que nos sea posible para alcanzar este objetivo, incluyendo (pero no limitando) las respuestas personales y sociales expuestas anteriormente.

Contamos con una pequeña ventana de oportunidad para realizar acciones para preservar a la humanidad de un desastre inminente y ayudar a la supervivencia de muchas y diversas formas de vida sobre la Tierra. Las generaciones futuras y las otras especies que comparten la biósfera con nosotros no tienen voz para pedir por nuestra compasión, sabiduría y liderazgo. Debemos escuchar su silencio. Debemos ser su voz y actuar a su favor.

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Acceder a la página de la Buddhist Declaration on Climate Change  

 

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