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Lo determinado y el libre albedrío


By cittagutta - Posted on 22 February 2010

Este blog lo hice basado en la plática del Venerable Nandisena sobre los contaminantes.

¿Cuál es la línea que divide lo que corresponde a lo determinado y a lo que está en nuestras manos?

Cuando se trata de la conducta correcta, de observar preceptos, de mejorarse a uno mismo, la pregunta puede saltar a la vista, sobre todo si hay dificultad para renunciar a efectuar acciones que generan sufrimiento. A veces uno se determina a cambiar una conducta que no es benéfica y en ese momento parece sencillo de lograr, luego, estamos en una situación donde la cosa cambia y ya no parece tan sencillo, la ignorancia, antes latente, se manifiesta y realiza su función, tapa los peligros de dicha acción o conducta y surge la percepción de dificultad a la renuncia, surge la percepción del yo junto con su deseo de ser complacido al que le sigue la percepción de que uno no puede escapar a esa motivación. Luego puede que uno falle y no detenga la acción.

Experimentar que hay conductas o acciones que, cuando la ignorancia no está manifiesta, uno las reconoce como no benéficas y uno quiere deshacerse de ellas y luego se manifiesta la ignorancia y uno falla en su meta, es doloroso, ya que se experimenta la culpa, el remordimiento y la preocupación del resultado sabiendo que no se podrá escapar a la consecuencia. Aquí también surge la duda sobre la línea que divide lo que está determinado y no se puede cambiar y lo que no está determinado y sí se puede cambiar.

Cuando la ignorancia está manifiesta, oculta la impermanencia de la felicidad que uno obtendrá realizando la acción no benéfica; oculta su insatisfactoriedad no mostrando la impermanencia y pervirtiendo nuestra visión de lo que es benéfico y de lo que trae felicidad; y oculta la impersonalidad mostrando un yo muy sólido con una necesidad muy fuerte de ser complacido en sus deseos, un yo que no puede cambiar que es permanente y determinado. Con todo esto es fácil ver porque uno debería buscar erradicar la ignorancia de raíz mediante la purificación de la mente, pero para ello es necesario primero purificar la conducta, que es lo más fácil cuando se le compara con la purificación de la mente, pero en ciertas situaciones, con ciertas condiciones ya no parece tan fácil. Por eso creo que es importante que uno pueda identificar lo que es determinado y lo que no está determinado, lo que podemos cambiar, lo que está en nuestras manos.

Tengo la creencia de que esto se revela por si sólo mediante la práctica de la atención y también creo que se puede observar en la doctrina y el estudio del Origen Dependiente y en reflexión sobre la consideración correcta, juntos los considero una herramienta poderosa para romper esta ilusión con la que uno se encuentra en esa situación donde la ignorancia se manifiesta por ciertas condiciones.

En esta vida estamos en contacto en todo momento con incontables objetos fuera de nosotros de los que somos concientes gracias a los sentidos y también estamos en contacto con incontables objetos internos de los que algunos son captados por los cinco sentidos sensaciones del cuerpo y el dolor y otros son captados por la mente como los pensamientos, recuerdos, etc.

Estos mismos objetos con los que nos encontramos momento a momento y de los que somos concientes, nos percatemos de ello o no, vienen acompañados por una sensación determinada por el objeto del que somos concientes, todo eso es lo que está determinado, no podemos hacer nada para cambiarlo, ni siquiera esa sensación que en caso de ser agradable desearíamos que perdurara, o en el caso de que sea desagradable quisiéramos que terminara y fuera remplazada por una agradable.

Y es que toda conducta o acción que deseamos cambiar, siempre va estar motivada por el deseo surgido de esa sensación agradable o desagradable. Como cuando algo nos hace enojar, podemos notar esa sensación de hervor en la sangre o esa punzada en el estómago, luego con ese enojo realizamos la conducta que deseamos cambiar. Lo mismo sucede con la codicia surgida de la sensación agradable surgida del contacto con un objeto agradable, luego si queremos dejarlo ir es doloroso, se manifiesta la ignorancia y nos justifica que debemos poseer el objeto o mantener la sensación agradable, ya convencidos, de nuevo, realizamos la acción o conducta que queremos cambiar. Así, nuestro fracaso a cambiar algo nos lleva a la decepción, la culpabilidad y al menosprecio por nosotros mismos.

Dejar atrás conductas no benéficas puede ser muy difícil y doloroso gracias a la ignorancia que nos impide ver las cosas como son realmente. Por ello será necesario estar convencidos de los peligros tales conductas, por lo menos mientras la ignorancia está escondida, latente.

Y para estar preparados cuando esta ignorancia salga de su escondite, necesitamos poder advertir cuando ésta se manifiesta, necesitamos advertir la sensación que nos motiva a dicha conducta y lidiar con ella con paciencia y el cultivo de la atención, de aquí en adelante comienza el libre albedrío es el punto donde podemos tomar decisiones, es decir, lo que sí está en nuestras manos. Después de advertir con atención nuestra experiencia, puede que nuestra motivación a realizar dicha conducta desaparezca o pierda fuerza cuando no es un deseo tan fuerte, pero a veces el deseo persiste por lo que es necesario aumentar el esfuerzo y recurrir a la consideración correcta respecto a los estados insanos que ya han surgido.

A quien hay que combatir aquí es a la ignorancia que se ha manifestado, por lo tanto, lo que hay que aplicar es algo de entendimiento, hay que esforzarse por imputarle al objeto motivador de la acción su aspecto real es decir: “Este objeto es impermanente, la felicidad que me proporcionará durará poco y experimentaré dolor cuando deje de estar; este objeto es insatisfactorio ya que es impermanente y buscar poseerlo o mantenerlo me traerá consecuencias no deseables y lamentables; este objeto no soy yo, no es mi cuerpo y definitivamente no hay una personalidad permanente o un alma a la que hay que satisfacer o algo o alguien que posea al objeto, sólo fenómenos condicionados que surgen y cesan.”   

Después, lo que queda por hacer es notar que el estado insano no está más, creo que esto refuerza nuestra confianza en nosotros mismos y en la Enseñanza. También es bueno identificar y reflexionar sobre las causas y condiciones que propiciaron el estado mental insano y ver que medidas futuras tomar para evitar meternos en estos líos, por ejemplo reconocer lugares a donde no ir, cuidar lo que uno ve, oye, etc. No alentar pensamientos o pláticas que nos meterán en problemas, no frecuentar cierto tipo de personas o amistades.

Lo mejor es practicar la atención no sólo sentados en el cojín, sino a lo largo de todo el tiempo que estemos despiertos haciéndonos el hábito de notar; no dejar pasar mucho tiempo sin estudiar algo de las Enseñanzas o sin escuchar o asistir a una plática del Dhamma por parte de los Venerables, aquí en el sitio hay muchísimas pláticas y material de estudio, también están los cursos. Además es importantísimo propiciar nuestra amistad con gente de buena conducta, que elogia y alienta la buena conducta. Y cuando no estemos haciendo nada de esto, entonces practicar mucha metta.

Todo esto es el verdadero libre albedrío, por lo tanto toda conducta es nuestra entera decisión y aunque en algunas ocasiones no nos guste, no podemos engañarnos a nosotros mismos con justificaciones o imputándole la responsabilidad a cosas como la educación y ejemplo de los padres, la cultura o la sociedad, las autoridades, los instintos, los genes, el destino, etc. Que, aunque algunas pueden ser condiciones fuertes, después de sentarse a meditar y ver las cosas de manera diferente, no queda mas que aceptar y esperar, por medio de la práctica, el progresivo desencanto de nuestros viejos y malos hábitos cuando se cree en lo que el Buddha dijo.