La Historia de la Hija del Tejedor*


Venerable U Silananda

 

 

Hoy día les contaré la historia de la Hija del Tejedor. Esta historia aconteció durante el tiempo del Buddha. De esta historia nosotros podemos aprender algunas lecciones. Aprendemos que es bueno mantener la continuidad de la práctica de meditación y también aprendemos los beneficios de la meditación de la muerte.

 

En una ocasión el Buddha fue a una ciudad llamada Alavi. La gente de esa ciudad invitó al Buddha a comer. Después de la comida el Buddha impartió una plática del Dhamma. El Buddha les enseñó la meditación de la muerte (recolección de la muerte). La recolección de la muerte no es meditación vipassana. Es uno de los cuarenta tipos de meditación de tranquilidad (samatha), pero es benéfico practicar esta meditación. El Buddha exhortó a esa gente a practicar esta meditación diciendo: "Ustedes deberían reflexionar así, 'mi vida es incierta; mi muerte es cierta; estoy seguro que moriré; la muerte será el fin de esta vida; la vida es inestable pero la muerte es segura'". De esta manera nosotros deberíamos practicar la recolección de la muerte. 

 

El Comentario dice que cuando se practica la meditación de la muerte, es posible obtener beneficios. Aquellos que no han practicado la meditación de la muerte, temblarán y tendrán miedo cuando llegue la última hora y morirán atemorizados. De la misma forma que un hombre sin una vara se siente atemorizado al ver una serpiente. Pero aquellos que han practicado la meditación de la muerte no tendrán miedo cuando llegue su última hora como un hombre resuelto que al ver una serpiente a la distancia la puede quitar y echar a un lado con su vara.  Es por esto que el Buddha aconsejó practicar la meditación de la muerte.

 

Podría parecer extraño que cuando practicamos este tipo de meditación nosotros perdemos el miedo a la muerte; no totalmente pero parcialmente perdemos el miedo a la muerte. Esto es así porque cuando reflexionamos muchas veces en la muerte, nosotros nos familiarizamos con esta experiencia. Y cuando realmente la muerte viene, podemos hacerle frente sin mucho miedo. El método del Buddha es encontrar la muerte cara a cara en vez de escapar. El consejo del Buddha podría ser el opuesto de lo que la gente hace hoy en día. Hoy en día la gente no quiere escuchar acerca de la muerte; la gente no quiere pensar en la muerte. A pesar de que la gente no quiere pensar en la muerte, la muerte seguramente vendrá un día y no es posible escapar. Por lo tanto, es mejor estar preparados y no asustados cuando llega el último momento de la vida.

 

El Buddha le enseñó a esa gente a practicar la meditación de la muerte. Pero el Comentario explica que con excepción de una muchacha de dieciséis años, que era la hija de un tejedor, nadie tomó en serio este consejo de Buddha. Con excepción de esta muchacha todos siguieron sus caminos y se olvidaron del consejo del Buddha. Después que el Buddha regresó a la ciudad de Sāvatthi la muchacha practicó la meditación de la muerte todos los días por tres años.

 

 

Un cierto día, tres años después, mientras el Buddha examinaba el universo en búsqueda de seres con suficiente madurez para alcanzar la iluminación, esta muchacha entró en la mente del Buddha. El Buddha comprendió que esta muchacha tenía la potencialidad para alcanzar la iluminación. Y el Buddha supo que le haría cuatro preguntas a la muchacha y que ella las respondería correctamente. Entonces, el Buddha fue nuevamente a Alavī. Cuando llegó allí, la gente lo invitó a comer. Después de la comida, el Buddha estuvo esperando que la muchacha llegara. No obstante que había una multitud de gente esperando que el Buddha diera una exposición del Dhamma, la muchacha no estaba allí. El Buddha pensó, "para beneficio de esta persona he venido y ella no está aquí". Entonces, el Buddha esperó en silencio. Y cuando el Buddha mantiene silencio, se dice  que nadie se atreve a pronunciar una palabra.

 

Ahora cuando este muchacha escuchó que el Buddha había llegado a la ciudad, ella se regocijó. Ella tenía mucha devoción por el Buddha. Estaba muy contenta y decidió ir a ver al Buddha a escuchar su enseñanza. Pero ese mismo día, su padre le dijo: "Hay una prenda en el telar que falta completar". El padre le dijo: "Debo terminarla hoy mismo. Rápido llena la lanzadera de hilo y tráela".  Ella pensó: "¿Qué debo hacer? ¿Voy a ver al Buddha y escucho su enseñanza o hago lo que mi padre me ha solicitado?" Después ella comprendió: "Si no le traigo la lanzadera a mi padre, él me va a golpear. Entonces, primero llenaré y le daré la lanzadera y esperaré para escuchar el Dhamma". Esto significa que ella llenaría y le entregaría la lanzadera a su padre y después iría a ver al Buddha. Entonces, ella llenó la lanzadera, la puso en una canasta y se fue a donde su padre estaba trabajando en el taller del tejedor.

 

Pero cuando estaba en camino ella se acercó a la multitud que estaba esperando que Buddha impartiera una enseñanza del Dhamma. Ella se paró en extremo externo de esa multitud mirando al Buddha. El Buddha la vio desde la distancia. Cuando el Buddha la miró, ella comprendió que el Buddha quería que se acercara. Quizá fue el gesto en los ojos del Buddha. Entonces, ella dejó la canasta en el suelo y se acercó al Buddha. Cuando estuvo cerca, el Buddha le hizo cuatro preguntas.

 

La primera pregunta que el Buddha hizo fue: "¿De dónde viene?"

 

Y ella respondió: "No sé".

 

Luego el Buddha hizo la segunda pregunta: "¿A dónde va?"

 

Y ella dijo: "No sé".

 

Y el Buddha hizo la tercera pregunta: "¿No sabe?"

 

Y ella dijo: "Yo sé".

 

La última pregunta fue: "¿Sabe?

 

Y ella respondió: "No sé".

 

Y cuando escuchó sus respuestas, la multitud se sintió ofendida. Ellos dijeron: "Esta muchacha le está diciendo cualquier cosa al Buddha. Ella está bromeando". La gente la censuró pero el Buddha les pidió que permanecieran en silencio.

 

"¿Por qué dijo 'no sé' cuando le pregunté de dónde viene?" El Buddha le preguntó. Y ella dijo: "Venerable Señor, usted sabe todo. Esto significa que usted sabe de dónde vengo. Vengo de mi casa, de la casa de mi padre el tejedor. Usted ya sabe esto. Entonces, cuando me he hizo esta pregunta, yo pensé que usted no me estaba preguntado de que lugar vengo, sino de que existencia vengo cuando renací aquí. Dado que no conozco de donde vengo cuando renací en esta existencia, mi respuesta fue negativa". Cuando ella dio esa respuesta, el Buddha se sintió muy complacido y dijo: "Muy bien, muy bien. Ha respondido a mi pregunta correctamente". El Buddha la elogió por haber podido responder la pregunta.

 

Después el Buddha continuó: "Cuando le pregunté 'a dónde va', ¿por qué dijo 'no sé'?" Y ella respondió: "Venerable Señor, usted sabe que yo voy al taller de mi padre. Yo no pensé que usted me preguntó eso. Lo que ustedb me estaba preguntando era si yo sé donde renaceré después de esta vida. Y como eso no lo sé, por esta razón yo dije que no sé". Nuevamente el Buddha dijo: "Muy bien, muy bien. Ha respondido la pregunta correctamente". Y ella recibió un segundo elogio.

 

Ahora el Buddha le dijo: "Cuando le pregunté si no sabía, ¿por qué dijo 'yo sé'?" Ella respondió: "Venerable Señor, yo pensé que cuando me preguntó si no sabía, usted me estaba preguntado si yo no sabía que mi muerte es segura. Yo sé que mi muerte es segura y por esta razón respondí afirmativamente". Y el Buddha dijo: "Muy bien, muy bien".

 

La última pregunta del Buddha fue: "¿Por qué dijo 'no sé cuando le pregunté si sabía?" Ella respondió: "No obstante que yo sé que mi muerte es segura, no sé cuando moriré, ya sea en la mañana o a la tarde, si será este mes u otro mes. Yo no sé cuando vendrá la muerte. Por eso dije esto". Y el Buddha dijo: "Muy bien, muy bien. Ha respondido a mi pregunta correctamente". Ella había respondido las cuatros preguntas y después de cada respuesta el Buddha tuvo palabras de elogio hacia ella. Al final el Buddha le dijo a la multitud: "Ustedes no sabían el significado de mis preguntas y por eso criticaron a esta muchacha. Pero ella comprendió y respondió correctamente. Aquellos que no poseen el ojo de la sabiduría son ciegos, mientras quienes poseen el ojo de la sabiduría son los que ven". Y después el Buddha pronunció un verso:

 

Este mundo es ciego. Poco aquí ven claramente. Como un pájaro liberado de la red, pocos van al cielo.[1]

 

Aquí el Buddha dice que este mundo es ciego. Esto significa que la mayoría de la gente no es inteligente; la mayoría de la gente no posee sabiduría. Por lo tanto el mundo es ciego. Los que ven las cosas claramente son pocos. Esto significa que ellos han practicado meditación vipassana y ven la verdadera naturaleza de las cosas. Estas personas son pocas. Y aquellos que renacen en lo planos celestiales y que alcanzan el Nibbāna son muy pocos como son pocos los pájaros que escapan después de haber sido atrapados en la red de un cazador. El Buddha pronunció este verso y al final del mismo la muchacha alcanzó el primer estado de iluminación (Sotāpanna).

 

En esta historia, la muchacha pudo responder las preguntas del Buddha correctamente porque ella había practicado constantemente durante tres años la meditación de la muerte. Es por esto que cuando el Buddha le preguntó si ella sabía o no sabía, ella puedo entender el significado de las preguntas. Si no hubiera practicado meditación constantemente, ella no hubiera podido responder las preguntas correctamente. O incluso ella no hubiera ido a ver al Buddha. Pero debido a que estuvo practicando meditación durante tres años, ella sentía devoción por el Buddha. Es por esto que cuando escuchó que el Buddha había venido a su ciudad, ella decidió ir a verlo.

 

Esto muestra que es importante que practiquemos meditación regularmente. Si uno practica por un día, luego abandona y practica nuevamente después de un mes o dos o tres meses, esta práctica no sería benéfica y no sería posible progresar. Esta historia muestra que debemos practicar constantemente; esto significa que debemos practicar diariamente. Cualquier meditación que nosotros escogamos, deberíamos practicarla diariamente y de esta manera estar listos cuando venga la oportunidad.

 

Entonces, es importante que mantengamos nuestra práctica activa y regular. Si tenemos el deseo y la determinación de mantener la práctica, pienso que es posible meditar incluso cuando uno está muy ocupado. En este país la gente dice que está ocupada y que es difícil tener tiempo para practicar meditación. Pero si uno decide meditar, pienso que uno encontrará el tiempo para hacerlo. La otra cosa es la meditación de la muerte. No obstante que es una meditación de tranquilidad (samatha), es bueno practicar esta meditación y como se explica en el Comentario nosotros podemos beneficiarnos de este tipo de meditación.

 

Cada vez que leemos historias como ésta, vemos que al final del verso la persona en cuestión alcanza la iluminación. Parece fácil alcanzar la iluminación con simplemente escuchar un verso. Un verso tiene treinta y dos sílabas. ¿Cuántos segundos se requieren para decir treinta y dos sílabas? Quizá diez o veinte segundos. Después de diez o veinte segundos, la persona alcanza la iluminación. Ésta es la impresión que obtenemos al leer estas historias. Nos quedamos con la impresión que esta gente alcanzó la iluminación sin practicar meditación vipassana. Pero estos detalles no se mencionan en las historias. El Comentario dice que no puede haber desarrollo mental y el logro de la iluminación sin practicar meditación vipassana. Entonces, cuando leemos que una persona alcanzó la iluminación después de escuchar un verso, debemos comprender que él o ella pasaron por las diferentes etapas de la meditación vipassana. No obstante que se alcanza la iluminación tan rápido como en un chasquido de dedos, esta persona debe haber tenido que practicar meditación vipassana. A pesar que solamente tenemos registrado el verso, pienso, que el Buddha debe haber enseñando algo más que este verso.

 

Se dice que el Buddha hablaba muy rápido. Cuando nosotros decimos una palabra, el Buddha puede decir ciento veintiocho palabras. Esto significa que el Buddha puede hablar ciento veintiocho veces más rápido que nosotros. Por lo tanto, si el Buddha hablaba cinco minutos, ¿cuántas enseñanzas podía impartir? Es por esto que solamente la enseñanza impartida por el Buddha en un periodo de sentado puede incluir una colección (Nikāya), es decir, quizá mil páginas. Entonces, el Buddha debe haber enseñado más que este verso; el Buddha debe haberle explicado el verso y también enseñado como practicar meditación. Mientras escuchaba la enseñanza del Buddha, la muchacha debe haber meditado y pasado por las diferentes etapas de la meditación vipassana. Gente como ella ha adquirido y acumulado perfecciones (pāramī) en el pasado; han practicado en sus vidas pasadas; es por esto que están maduros para alcanzar la iluminación. Son como la flor del loto lista para abrirse cuando aparecen los primeros rayos del sol. Por esta razón el Buddha da una instrucción o enseñanza y ellos pueden alcanzar la iluminación. Por lo tanto, cada vez que leemos estas historias, debemos entender que hay que pasar por las etapas de la meditación vipassana para poder alcanzar la iluminación. Sin pasar por las etapas de la meditación vipassana, no es posible alcanzar la iluminación.

 

En esta historia la muchacha alcanzó el primer estado de iluminación (Sotāpanna). Después de esto, ella tomó su canasta con la lanzadera y fue al taller donde estaba su padre. Cuando llegó al taller, su padre estaba dormido en el telar. Ella no se percató que su padre estaba dormido. Por accidente dejó caer la canasta. Su padre se despertó abruptamente por este ruido y accidentalmente movió una parte del telar. Esta parte del telar golpeó a la muchacha en el pecho y como resultado de este golpe ella murió y renació en el plano de los devas.

 

El padre de la muchacha sintió intenso pesar y decidió ir a reportarle esto al Buddha. El Buddha le expuso el Dhamma y como resultado de esta enseñanza pudo mitigar el pesar y solicitó ser admitido en la Orden. Después, en no mucho tiempo, él alcanzó el estado de Arahant.

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* La Historia de la Hija del Tejedor por Venerable U Silananda. Plática impartida en el Dhammananda Vihara el 10 de octubre 1998. Traducción al español por Bhikkhu Nandisena. La fuente usada es "Times New Roman" que contiene algunas de las marcas diacríticas de la Lengua Pali; las demás marcas diacríticas no disponibles en esta fuente han sido reemplazadas con letras normales. Este material puede ser reproducido para uso personal, puede ser distribuido sólo en forma gratuita. ©CMBT 2003. Última revisión domingo, 22 de junio de 2003. Fondo Dhamma Dana.




[1] Dhammapada verso 175. Esta historia ha sido tomada del Dhammapada Atthakatha ii 111 (Edición del Sexto Concilio Buddhista).