La Enseñanza del Dhamma*

Narada Mahathera

 

 

Traducción española por Marco Antonio Montava

 

 
 

“Feliz es el nacimiento de los Buddhas. Feliz es la enseñanza del sublime Dhamma. Feliz es la unidad del Sangha. Feliz es la disciplina de los unidos.”

Dhammapada v. 194

 

 

La Conversión de Yasa y de Sus Amigos

 

En Benares, vivía el hijo de un rico comerciante, se llamaba Yasa y llevaba una vida de lujos y placeres. Una mañana, se despertó antes de lo habitual y, para su disgusto, vio a sus jóvenes servidoras y músicos dormidos en posiciones y actitudes repulsivas. El espectáculo en su conjunto le resultó tan desagradable, que el palacio se le presentó con la penosa apariencia de un cementerio. Dándose cuenta de las vanidades de la vida mundana, escapó de su casa, diciendo, “¡Que agobiante! ¡Que aflictivo!” Y marchó en dirección a Isipatana donde el Buddha estaba residiendo temporalmente después de hacer que los cinco primeros bhikkhus alcanzarán el estado de Arahant. Esto tuvo lugar en el quinto día después de la exposición del primer sermón tras el cual los cinco bhikkhus obtuvieron el estado de Arahant.

 

En ese momento el Buddha, como era habitual, estaba caminando al aire libre. Viéndolo venir de lejos, el Buddha terminó su paseo y se sentó en un sitio preparado. No lejos de él se detuvo Yasa, llorando y lamentándose, “¡Que agobiante! ¡Que aflictivo!”.

Viendo eso, el Buddha lo exhortó diciendo, “¡Yasa, esto no es agobiante!, ¡Yasa, esto no es aflictivo!, acércate Yasa, toma un asiento. Te expondré el Dhamma.”

 

El afligido Yasa se complació con las alentadoras palabras del Buddha. Quitándose sus sandalias de oro, se acercó al Buddha, le saludó respetuosamente y se sentó a un lado.

 

El Buddha le explicó la doctrina y Yasa alcanzó el sendero de entrada en la corriente (sotāpatti).

 

Primero el Buddha le habló sobre la generosidad (dāna), la moralidad (sīla), los estados celestiales (sagga), los peligros de los placeres sensuales (kāmādinava) y los beneficios de la renunciación (nekkhammānisamsa). Cuando percibió que la mente de Yasa estaba flexible, bien dispuesta y preparada para captar la enseñanza sublime, le enseñó las Cuatro Nobles Verdades.

 

La madre de Yasa fue la primera en percatarse de la ausencia de su hijo y se lo comunicó a su marido. El rico comerciante envió inmediatamente mensajeros a caballo en las cuatro direcciones y él mismo se dirigió hacia Isipatana, siguiendo el rastro de las huellas de las sandalias de oro. El Buddha lo vio acercándose a lo lejos y, con sus poderes psíquicos, hizo que él no pudiese ver a su hijo.

 

El rico comerciante se acercó al Buddha y respetuosamente le preguntó si había visto a su hijo Yasa. “Está bien, siéntate pues por favor. Tal vez puedas ver a tú hijo si te sientas aquí,” dijo el Buddha.

 

Complacido con sus palabras, se sentó. El Buddha le pronunció un discurso, y se deleitó tanto al escuchar la doctrina que exclamó: “¡Maravilloso, Venerable Señor! ¡Maravilloso, Venerable señor! Venerable Señor, es como si una persona tornara boca arriba aquello que está boca abajo, o como si descubriera lo que está cubierto, o como si enseñara el camino a alguien que se encuentra perdido, o como si llevase una lámpara en la oscuridad de tal forma que aquellos que tienen ojos puedan ver. Así ha sido presentado el Dhamma en muchas formas por el Bendito.”

 

“Venerable, Señor, acudo a tomar refugio en el Buddha, a tomar refugio en el Dhamma, y a tomar refugio en el Sangha[1]. Venerable Señor, permita el Bendito considerarme como un seguidor laico que ha tomado refugio a partir de hoy para el resto de vida.”

 

Fue el primer seguidor laico en ser recibido con la triple fórmula.

 

Mientras le enseñaba la doctrina a su padre, Yasa alcanzó el estado de Arahant. Percatándose, el Buddha retiró su poder de voluntad de forma que el padre de Yasa pudiese volver a ver a su hijo. El rico mercader vio a su hijo e invitó al Buddha y a sus discípulos a que tomasen su comida en su casa al día siguiente. El Buddha aceptó la invitación con su silencio.

 

Tras marcharse el rico comerciante, Yasa pidió al Buddha que le concediese la ordenación menor[2] y la mayor.

 

“¡Ven bhikkhu! Bien expuesta está la doctrina, practica la vida noble para poner completamente fin al sufrimiento.” El Buddha le concedió la ordenación mayor[3] con estas palabras.

 

Con el venerable Yasa el número de Arahants subió a seis.

 

Como había sido invitado, el Buddha visitó la casa del rico mercader con sus seis discípulos.

 

La madre del Venerable Yasa y su ex-esposa escucharon la doctrina expuesta por el Buddha y, alcanzando el sendero de entrada en la corriente, se convirtieron en las dos primeras seguidoras laicas.[4]

 

El venerable Yasa tenía cuatro distinguidos amigos llamados Vimala, Sabāhu, Punnaji y Gavampati. Cuando se enteraron de que su noble amigo se había afeitado el pelo y la barba, y vistiendo el manto amarillo había dado el paso para vivir la vida sin hogar, ellos se acercaron al venerable Yasa y le expresaron su deseo de seguir su ejemplo. El venerable Yasa los condujo ante el Buddha y, al escuchar el Dhamma, ellos también alcanzaron el estado de Arahant.

 

Cincuenta dignos amigos más del venerable Yasa, que pertenecían a las principales familias de varios distritos, también recibieron instrucción del Buddha, alcanzaron el estado de Arahant y entraron a formar parte del Sangha.

 

Habían pasado apenas dos meses desde la iluminación del Buddha y el número de Arahants progresivamente subía a sesenta. Todos ellos provenían de familias distinguidas y eran hijos excelentes de dignos padres.

 

Los Primeros Mensajeros de la Verdad

 

El Buddha, quien en poco tiempo había tenido éxito en iluminar a sesenta discípulos, decidió enviarlos como mensajeros de la verdad para enseñar el nuevo Dhamma a todo el mundo sin distinción. Antes de despacharlos en varias direcciones, los exhortó de este modo:[5]

 

“Bhikkhus, yo estoy libre de toda atadura, tanto humana como divina.
Vosotros también, bhikkhus, estáis libres de toda atadura, tanto humana como divina. Seguid adelante, bhikkhus, por el bien, beneficio y la felicidad de muchos, por compasión hacia el mundo, por el bien, el beneficio y la felicidad de dioses[6] y hombres. No vayáis dos por el mismo camino. Predicad el Dhamma, bhikkhus, que es bueno al comienzo, bueno a la mitad, bueno al final, tanto en el contenido como en la letra. Proclamad la vida santa[7], completamente perfecta y pura. Hay seres con poco polvo en sus ojos, quienes, al escuchar el Dhamma comprenderán. Esos serán quienes entiendan el Dhamma. Yo, también, bhikkhus, iré a Uruvela en Senānigāma, para enseñar el Dhamma. Izad la bandera de la Sabiduría. Predicad el sublime Dhamma. Trabajad por el bien de los otros, vosotros que habéis hecho lo que había por hacer.”

 

El Buddha fue de este modo el primer maestro religioso en enviar a sus iluminados discípulos a propagar la doctrina, por compasión hacia otros. Sin residencia fija, solos y mendigando, esos primeros misioneros fueron enviados a recorrer de lugar en lugar enseñando el sublime Dhamma. No tenían posesiones materiales salvo el manto para cubrirse y un cuenco para mendigar comida. Así como el campo es extenso y los agricultores que lo trabajan son en comparación pocos, del mismo modo ellos fueron aconsejados a emprender su viaje de misión solos. Como eran Arahants que estaban libres de toda atadura sensual su principal y único objetivo fue enseñar el Dhamma y proclamar la noble vida. El papel original de los Arahants, que habían logrado lo que se debe alcanzar, era trabajar por la elevación moral de las personas mediante el ejemplo y los preceptos morales. El desarrollo material, aunque necesario, no era de su interés.

 

Fundación de la Orden (Sangha)

 

En ese momento había sesenta Arahants en el mundo. Tomando a esos puros seres como núcleo, el Buddha fundó una orden de célibes que “era democrática en su constitución y comunitaria en su distribución”. Los miembros originales provenían de las más elevadas clases sociales y todos eran hombres cultos y adinerados, pero el Sangha estaba abierta a toda persona noble, independientemente de su casta, clase o rango. Tanto jóvenes como viejos, procedentes de todas las castas de la época, eran libremente admitidos dentro del  Sangha y vivían como hermanos de una misma familia sin hacer distinciones. Esta noble orden de bhikkhus, que se ha mantenido hasta hoy día, es históricamente el conjunto de célibes más antiguo del mundo.[8]

 

No se pretendía que todos abandonasen su familia y pasasen a vivir la vida sin hogar. Podían, como los seguidores laicos, llevar una buena vida en concordancia con el Dhamma y alcanzar algún grado de santidad. Los padres del venerable Yasa y su ex-esposa, por ejemplo, fueron los más destacados seguidores laicos del Buddha y los tres estaban lo suficientemente avanzados espiritualmente como para alcanzar el sendero de entrada en la corriente.

 

Con los sesenta Arahants como perfectos mensajeros de la verdad, el Buddha decidió propagar el sublime Dhamma, exponiendo completamente la doctrina a aquellos dispuestos a escuchar.

 

Conversión de treinta jóvenes

 

El Buddha residió en Isipatana, en Benares tanto tiempo como quiso y tras esto marchó hacia Uruvela. Por el camino se detuvo y se sentó a los pies de un árbol en el bosque.

 

Al mismo tiempo, treinta felices jóvenes parejas iban por ese mismo bosquecillo con la intención de divertirse. Como uno de ellos no tenía esposa, llevó consigo a una cortesana. Mientras se divertían esta mujer huyó apropiándose de todos sus bienes. El joven soltero y el resto de las parejas la buscaron por todo el bosque y, viendo al Buddha, le preguntaron si había visto pasar por allí a una mujer.

 

–”¿Que pensáis que es mejor? ¿Buscar a una mujer o buscar vuestro propio yo?”[9] Preguntó el Buddha.

 

–”Señor, es mejor buscarnos a nosotros mismos.” Respondieron los jóvenes.


–”Bien, entonces tomad asiento. Os predicaré la doctrina.” Dijo el Buddha.


–”De acuerdo señor”, respondieron los jóvenes y saludando respetuosamente al Bendito, tomaron asiento y permanecieron atentos.

 

Le escucharon atentamente y obtuvieron el ojo de la verdad (dhammacakkhu).Tras esto, entraron a formar parte del Sangha y recibieron la ordenación mayor.

 

Conversión de los tres hermanos Kassapa

 

El Buddha, yendo de lugar en lugar, arribó a Uruvela llegando así a su destino. Aquí vivían tres ascetas (Jatila) de pelo recogido a la manera brahmánica, conocidos como Uruvela Kassapa, Nadī Kassapa y Gayā Kassapa. Eran tres hermanos que vivían separados cada uno con 500, 300 y 200 discípulos respectivamente. El mayor estaba orgulloso de sus propios logros espirituales y mantenía la errónea opinión de que era un Arahant. Fue a quien el Buddha visitó primero y pidió su permiso para pasar la noche en la Sala del Fuego, donde moraba una peligrosa Reina Serpiente. El Buddha sometió con sus poderes psíquicos a la serpiente. Esto impresionó a Uruvela Kassapa e invitó al Buddha a que se quedase como su invitado. El Buddha se vio obligado a hacer uso de sus poderes psíquicos en algunas otras ocasiones para impresionar al asceta, pero él seguía aferrado a la creencia de que el Buddha no era un Arahant y él sí. Finalmente el Buddha pudo convencerle de que era un Arahant. De ese modo, él y sus seguidores entraron a formar parte de la Sangha y recibieron la ordenación mayor.

 

Asimismo sus dos hermanos y sus respectivos discípulos también siguieron su ejemplo. Acompañado por los tres hermanos Kassapa y sus respectivos mil discípulos, el Buddha fue a Gayā Sīsa, no lejos de Uruvela. Aquí proclamó el Ādittapariyāya Sutta, tras el cual todos ellos obtuvieron el estado de Arahant.

 

Ādittapariyāya Sutta –“El Discurso del Fuego”[10]

 

“Bhikkhus, todo está ardiendo. ¿Qué es ‘todo’ lo que está ardiendo?
Bhikkhus, el ojo está ardiendo, las formas visuales están ardiendo, la conciencia visual está ardiendo, la sensación visual está ardiendo. También está ardiendo toda sensación placentera o dolorosa, o ni dolorosa ni placentera que surja por motivo de la impresión visual. ¿Ardiendo con qué? Ardiendo con el fuego de la pasión, ardiendo con el fuego del odio, ardiendo con el fuego de la ignorancia. Yo digo que arde con el nacimiento, la vejez y la muerte; con el pesar, la lamentación, el dolor, la aflicción y la desesperación.

 

Bhikkhus, el sabio y noble discípulo que comprende tales cosas se vuelve ecuánime con respecto al ojo, se vuelve ecuánime con respecto a la forma visual, se vuelve ecuánime con respecto a la conciencia visual y se vuelve ecuánime con respecto a la impresión visual. También se vuelve ecuánime con respecto a cualquier sensación placentera o dolorosa, o ni dolorosa ni placentera que surja por motivo de la impresión visual. Se vuelve ecuánime con respecto al oído, sonidos; nariz, olores; lengua, sabores; cuerpo, cosas tangibles; mente, objetos mentales, se vuelve ecuánime con respecto a la conciencia mental y se vuelve ecuánime con respecto a la impresión mental. También se vuelve ecuánime con respecto a cualquier sensación placentera o dolorosa, o ni dolorosa ni placentera que surja por motivo de la impresión mental. Al ser ecuánime se desapega. Se libera a través del desapego. Con la liberación está el conocimiento de que se ha liberado. Comprende que se ha aniquilado el renacer, cumplido la vida de santidad, hecho lo que había por hacer y que ya no hay más devenir.”

 

Cuando el Buddha finalizó su discurso todos los bhikkhus presentes alcanzaron el estado de Arahant, erradicando todas las impurezas.

 

Conversión de Sāriputta y Moggallāna, los dos Principales Discípulos.

 

No muy lejos de Rājagaha, en la aldea de Upatissa, también conocida como Nālaka, vivía un joven muy inteligente llamado Sāriputta.

 

Debido a que pertenecía a la familia principal de la aldea, él también era conocido como Upatissa.

 

A pesar de haber sido criado dentro del brahmanismo, su amplia visión de la vida y su juicio maduro le llevaron a renunciar de su religión ancestral a favor de las enseñanzas más tolerantes y analíticas del Buddha Gotama. Sus hermanos y hermanas siguieron su noble ejemplo. Su padre, Vanganta, aparentemente seguía aferrado a la fe brahmánica. Su madre, que estaba descontenta con su hijo por haber abrazado la fe buddhista, fue convertida al buddhismo poco antes que él muriera.

 

Upatissa fue criado en medio del lujo. Encontró un muy íntimo amigo en la persona de Kolita, también conocido como Moggallāna, con quien estaba estrechamente unido desde su más tierna infancia. Un día, estando ambos divirtiéndose en una fiesta en la cima de una colina, se dieron cuenta de cuan vanos, cuan transitorios eran todos los placeres sensuales. En ese momento decidieron abandonar el mundo y buscar el camino hacia la liberación. Deambularon de lugar en lugar en búsqueda de la paz.

 

Los dos jóvenes acudieron primero a Sañjaya, que tenía muchos seguidores, y siguieron sus enseñanzas. No tardaron mucho en adquirir el escaso conocimiento que su maestro les impartía, pero insatisfechos con sus enseñanzas –ya que no podían encontrar remedio para esa enfermedad universal con la que la humanidad es azotada– le dejaron y erraron por lugares, aldeas y parajes buscando la paz. Se acercaron a muchos famosos brahmanes y ascetas, pero sólo conseguían decepciones por todas partes. Finalmente regresaron a su aldea y se prometieron entre ellos que cualquiera de los dos que encontrase primero esa verdad que iban buscando debería hacérsela conocer al otro.

 

Era por aquel entonces cuando el Buddha envió a sus primeros sesenta discípulos a proclamar el sublime Dhamma al mundo. El Buddha en persona partió hacia Uruvela, y el venerable Assaji, uno de los primeros cinco discípulos, viajó en dirección a Rājagaha.

 

El buen kamma de los buscadores hizo su efecto entonces, como si estuviese vigilando con ojos compasivos su progreso espiritual. Porque Upatissa, mientras deambulaba por la ciudad de Rājagaha, se encontró por casualidad con un asceta de venerable apariencia y noble conducta que enseguida llamó su atención. Los ojos del asceta estaban suavemente fijados en un punto distante, y su faz serena mostraba una profunda calma en su interior. Con el cuerpo erguido, la túnica correctamente ordenada, paseaba su noble porte con pasos medidos de puerta en puerta, aceptando los pedazos de comida que depositaban caritativamente en su cuenco. “Nunca antes había visto un asceta como éste” se dijo a sí mismo Upatissa. “Sin duda debe ser alguien que ha alcanzado el estado de Arahant o alguien que está practicando el camino que lo llevará al estado de Arahant. Tal vez podría acercarme a él y preguntarle “Señor, ¿Por qué motivo ha renunciado al mundo? ¿Quién es su maestro? ¿Qué doctrina profesa?”.

 

No obstante, Upatissa se abstuvo de interrogarle en ese momento para no interrumpir su silencio mientras mendigaba.

 

El Arahant Assaji, habiendo conseguido lo poco que necesitaba, buscó un lugar adecuado donde comer su comida. Upatissa dándose cuenta de ello, aprovechó gustosamente la oportunidad de ofrecerle su taburete y agua de su propia vasija. Realizando así los deberes preliminares de un alumno, intercambió saludos con él y respetuosamente preguntó: “Venerable Señor, sus sentidos están calmos y serenos, limpio y claro es el semblante de su rostro. ¿Por qué motivo ha renunciado al mundo? ¿Quién es su maestro? ¿Qué doctrina profesa?”

 

El modesto Arahant Assaji respondió humildemente, como es característico de todos los grandes hombres: “He ingresado recientemente en el Sangha, hermano, y no soy capaz de dar una exposición adecuada del Dhamma.”

 

“Yo soy Upatissa, Venerable Señor. Di lo que puedas, mucho o poco según tu capacidad, y quedará para mí el comprenderlo de cien o mil maneras.”

 

“Di lo que puedas, mucho o poco”, continuó Upatissa, “háblame sólo de la esencia de la doctrina. Sólo te pido la esencia. Un mero revoltijo de palabras no sirve de nada.”

 

El venerable Assaji pronunció un verso de cuatro líneas, resumiendo hábilmente de ese modo la profunda filosofía del Maestro, o la verdad de la ley de causa y efecto.

 

Ye dhammā hetuppabhavā

Tesam hetum tathāgato āha

Tesam ca yo nirodho

evam vādī  mahāsamano

 

De todas las cosas procedentes de una causa,

ésta ha sido mostrada por el Tathāgata,

y también su cesación

Así enseña el gran asceta.

 

 

Upatissa era suficientemente lúcido como para comprender tan elevada enseñanza aun con una expresión tan escueta. Sólo necesitó una insignificante indicación para descubrir la verdad. Tan buen guía hizo el venerable Assaji en el camino hacia la liberación de Upatissa, que enseguida que escuchó las dos primeras líneas alcanzó el sendero de entrada en la corriente (Sotāpatti).

 

Al nuevo converso Upatissa debieron faltarle, sin duda, palabras de agradecimiento para su venerable maestro por haberlo introducido en las sublimes enseñanzas del Buddha. Le expresó su profundo agradecimiento por su brillante exposición de la verdad, y tras obtener las características por las que reconocería al Maestro cuando lo viese, partió con su permiso.

 

Después, la devoción que mostró hacia su maestro fue tal, desde que escuchó el Dhamma de boca del venerable Assaji, que en cualquier sitio donde oía que su maestro estaba residiendo, en tal o cual lugar, hacia la dirección donde estaba residiendo su maestro extendía sus manos entrelazadas en actitud de respetuosa obediencia y también hacia esa dirección situaba su cabeza cuando se acostaba a dormir.

 

Entonces, siguiendo la promesa que realizó, regresó con su compañero Kolita a traerle la buena nueva. Kolita, que era tan lúcido como su amigo, también alcanzó el sendero de entrada en la corriente al escuchar el verso entero. Abrumados por el gozo de haber concluido con éxito su búsqueda de la paz, consideraron como un paso necesario ir a reunirse con su maestro Sañjaya con el propósito de convertirlo a la nueva doctrina. Upatissa y Kolita, frustrados en su propósito y acompañados por muchos seguidores de Sañjaya que gustosamente se unieron a ellos, se dirigieron al monasterio de Veluvana a visitar a su ilustre maestro, el Buddha.

 

Complaciendo sus peticiones, el Buddha los admitió a ambos en el Sangha pronunciando sencillamente las palabras: “Etha bhikkhave!” (¡Venid, bhikkhus!)

 

Dos semanas más tarde, el venerable Sāriputta alcanzó el estado de Arahant al escuchar al Buddha exponer el Vedanā Pariggaha Sutta al asceta errante Dīghanakha. Ese mismo día por la tarde el Buddha congregó a su alrededor a sus discípulos y las elevadas posiciones de primero y segundo discípulo en el Sangha fueron otorgados respectivamente a los theras Upatissa (Sāriputta) y Kolita (Moggallāna), quien también había alcanzado el estado de Arahant una semana antes.

* * * * *

* Capítulo 7 (The Teaching of the Dhamma) del libro The Buddha and His Teachings por Narada Mahathera. Traducción española por Marco Antonio Montava con permiso de la Buddhist Publication Society (BPS). Versión original ©Buddhist Publication Society 1997. La fuente usada en este documento es Times New Roman que contiene algunas de las marcas diacríticas de la Lengua Pali. Las demás marcas diacríticas han sido representadas usando las letras normales. Este material puede ser reproducido para uso personal, puede ser distribuido sólo en forma gratuita. Traducción española ©CMBT 2000. Última revisión 9 de noviembre de 2001. Fondo Dhamma Dana.


 

 
 



NOTAS

[1] Sangha, literalmente "colección" o "multitud", es el término usado para referirse a la comunidad de monjes buddhistas.

[2] Pabbajjā, literalmente, "avanzando o renunciando", representa la mera admisión en el Sangha buscando refugio en el Buddha, el Dhamma y la Sangha.

[3] Así era en los primeros días de vida de la orden la ordenación mayor (upasampadā) literalmente, "colmado con una mayor moralidad, fue admitido con estas palabras".

[4] Upāsaka (mas.), upāsikā (fem.) literalmente, "alguien estrechamente asociado con la Triple Joya". Estos dos términos son los usados para designar a los seguidores laicos del Buddha, hombres y mujeres respectivamente. Alguien se considera un upāsaka o una upāsikā inmediatamente después de tomar los tres refugios del siguiente modo:

Buddham saranam gacchāmi
Voy por refugio al Buddha.


Dhammam saranam gacchāmi
Voy por refugio a la Enseñanza.


Sangham saranam gacchāmi
Voy por refugio a la Comunidad de Monjes.

Esta es la triple fórmula (Tevācika)

 

[5] Mahāvagga, pp. 19, 20.

[6] Observar la referencia a los dioses (Devas).

[7] El término pali brahmacariya no tiene ninguna relación con un dios o Brahmā. Se usa en el sentido de noble o santo. (El equivalente sánscrito brahmācārya normalmente significa la vida célibe de un estudiante.)

[8]  Los jainistas reclaman la misma antigüedad para su orden, pero un cisma producido al final de la época Mauryan produjo las dos sectas existentes hoy día en la India. Puesto que sus escrituras sobrevivieron al hecho, adelantaron la fecha de este evento.

[9] Buscaros a vosotros mismos. Esta frase es muy significativa. Attānam es el acusativo de attā que significa, sí mismo, uno mismo, propio ser, propio yo. Aquí el Buddha no se refiere a ninguna alma o espíritu inmortal existente en el hombre como pretenden mostrar algunos eruditos. ¿Cómo podía afirmar el Buddha la existencia de un ser o alma cuando negó claramente su existencia en su segundo discurso? El Buddha utilizó esta frase exactamente en el sentido de "búsqueda interna" u "observar hacia adentro".

[10] Mahāvagga, p. 34. La metáfora es adecuada para hacer comprender a sus oyentes, los cuales practicaban el culto al fuego.