Mettā Sutta – Amor Universal*

(Comentarios al Mettā Sutta)

 

Plática impartida por el Venerable U Sīlānanda

 

 

Traducción al Español por Jorge Fabra

 

 

El discurso que les voy a leer hoy trata acerca del Amor Universal o Amor Benevolente. Su nombre pāli es "Mettā Sutta", aunque a menudo es llamado "Karanīya Mettā Sutta" porque empieza con la palabra “karanīya”. Este discurso, muy popular, es recitado por los monjes buddhistas en casi toda reunión, en casi toda ceremonia.

 

El Mettā Sutta fue expuesto por el Buddha a un grupo de monjes que se acercaron a él y le pidieron que les explicase algún tema de meditación. No consta qué tipo de meditación les enseñó el Buddha en aquella ocasión pero, tras aprender el tema que se les había explicado, los monjes partieron hacia un lugar donde poder retirarse y meditar. Todo esto ocurrió justo antes del retiro de la estación de las lluvias (Vassa).[1]

 

Los monjes llegaron a un paraje y los lugareños, al verles, les rogaron que se quedasen allí practicando la meditación. Los monjes aceptaron y, adentrándose en el bosque, se establecieron para meditar.

 

Pero aquel era un bosque habitado por espíritus, principalmente deidades o divinidades (devas) que habitaban en los árboles. Estas divinidades, viendo llegar a los monjes, descendieron de los árboles donde moraban para habitar temporalmente en la tierra con sus familias, al tiempo que confiaban en que aquellos abandonarían el lugar con prontitud. Sin embargo, después de algunos días, ningún indicio advertía de que los monjes quisiesen abandonar el lugar. Entonces, las divinidades se tornaron infelices por tener que vivir en la tierra y empezaron a mostrar aterradoras y horribles visiones para atemorizar a los monjes, espantarles y conseguir, de esta forma, ahuyentarlos. Las divinidades mostraban visiones horripilantes y producían olores fétidos.[2]

 

Los monjes eran agobiados con espantosas imágenes y repugnantes hedores que les impedía meditar adecuadamente. Finalmente, no pudiendo resistir por más tiempo tales condiciones, los monjes volvieron a donde se encontraba el Buddha y le requirieron otro lugar donde practicar meditación.

           

El Buddha echó un vistazo con su visión supra-normal y, no encontrando ningún otro lugar para ellos que no fuese el bosque habitado por las divinidades, les dijo:

           

-Monjes, no hay otro lugar para vosotros. Debéis volver a ese bosque.

 

-Pero, ya estuvimos allí y fuimos hostigados por los espíritus –replicaron los monjes-. Si volvemos de nuevo a ese bosque seremos incapaces de practicar la meditación, ¿por qué hemos de volver al mismo paraje?

 

-La primera vez que fuisteis allí estabais indefensos, desprovistos de armas –añadió el Buddha-. Sin embargo, ahora os procuraré un arma; vosotros la tomaréis y retornaréis al bosque; pues ése es el único lugar para vosotros.

 

Al decir “arma” el Buddha se estaba refiriendo a la enseñanza sobre el Amor Universal o Amor Benevolente.[3] El Buddha pronunció este discurso[4] y los monjes, tras aprender la meditación del Amor Universal, volvieron al bosque. Este Sutta, aunque es muy breve (puede ser recitado en menos de tres minutos) contiene múltiples y excelsas enseñanzas. Primero leeré el Sutta hasta el final y seguidamente reportaré algunas explicaciones. Os expliqué que los Suttas suelen empezar con las palabras “Así he oído”; sin embargo, este discurso no empieza con esas palabras porque es un discurso corto. El Mettā Sutta fue recogido en la Colección Menor.[5]

 

Aquél que es hábil en lo beneficioso

Y aspira a obtener el estado de calma,

Debería ser hábil, recto, perfectamente recto, dócil,

Gentil y humilde.

 

Debería estar contento, ser fácil de sustentar,

De pocas actividades y de pocas posesiones.

De sentidos controlados, discreto, respetuoso,

Y no ávidamente apegado a familias.

 

No debería cometer la más leve falta

Que pudiese ser motivo de censura por parte de los sabios.

Y debería cultivar pensamientos como:

“¡Que todos los seres estén felices y a salvo!”

“¡Que todos sean felices de corazón!”

 

Que todos los seres que existen,

débiles o fuertes,

largos, enormes o medianos,

o cortos, minúsculos o gruesos.

 

Conocidos o desconocidos,

Los que viven cerca y los que viven lejos,

Los nacidos y los que están por nacer,

¡Que todos los seres sin excepción sean felices!

 

¡Que nadie engañe ni desprecie

 a otro en ningún lugar!

¡Que nadie desee el sufrimiento para otro,

 por enfado o maldad!

 

Como una madre protege a su propio hijo,

a su único hijo,

aun a riesgo de su vida,

de la misma manera, uno debería cultivar un inconmensurable corazón

con todos los seres.

 

Que sus pensamientos de infinito amor

se extiendan por todo el mundo,

arriba, abajo y a lo ancho,

sin barreras,

sin odio, sin enemistad

 

Estando parado, caminando, sentado o acostado,

siempre que uno esté consciente

debería mantener tal atención;

pues se dice que ése es estado sublime.

 

No abrigando opiniones erróneas,

virtuoso y dotado de visión cabal,

uno elimina el apego al deseo de los sentidos.

Verdaderamente, ése es uno que no

llega de nuevo a un vientre.

 

He aquí el Mettā Sutta.

 

El Buddha empieza explicando las cualidades de un monje, los atributos que un monje debería poseer antes de emprender la meditación de Benevolencia;[6] pero eso no significa que un monje no puede cultivar la Benevolencia si no ostenta todas y cada una de esas cualidades. Tales facultades son verdaderamente excelentes, ideales. Quizás todos los monjes no estén dotados de todo el conjunto de cualidades; pero ellos deberían esforzarse por poseer el máximo número posible.

 

Las primeras palabras del Sutta son: “Aquél que es hábil en lo beneficioso y aspira a obtener el estado de calma...”. “Aquél que es hábil...” es uno que sabe cómo actuar; y el “estado de calma” aquí significa Nibbāna. Así deberían actuar aquellos que aspiran a conquistar el Nibbāna.

 

Debería ser hábil”. Un monje debe ser apto para el esfuerzo por liberarse de la rueda del Samsāra y debe poseer el empuje necesario para practicar la meditación.

 

Debería ser recto, perfectamente recto” La palabra pāli es “ujū”, que significa recto, derecho. Un monje debe ser recto, muy recto, perfectamente recto; eso significa que no debe ser ordinariamente o comúnmente honesto, sino inmejorablemente honesto, perfectamente honesto.

 

Debería ser dócil”. La palabra pāli es “sūvaco” y significa “alguien a quien es fácil exhortar”. Es decir, alguien a quien se le puede corregir sin dificultad. Alguien a quien no le molesta recibir exhortación; alguien que no se molesta con las reprobaciones y no se siente enojado cuando es criticado; alguien que no se siente irritado al recibir una reprimenda. La misma palabra (sūvaco) aparece en otro discurso, en el Mangalā Sutta.[7] Aunque allí con el sentido de “obediente”. Un monje debería poseer esta cualidad, estar preparado para aceptar las reprimendas o las críticas sin enfadarse.

 

Debería ser gentil”. Un monje debe ser gentil. Gentil en actos, gentil en palabras, gentil en pensamientos. Es posible encontrarse con monjes que no son gentiles. La gentileza es una buena cualidad en los monjes, pues ellos deben cultivar la Benevolencia, la Compasión, la Alegría Altruista y la Ecuanimidad.[8] Los monjes deben ser afables cuando actúan, cuando van, cuando vuelven, cuando hablan y cuando piensan.

 

Debería ser humilde”. Un monje debería ser humilde, no debería ser engreído. Un monje no debe ser orgulloso o altivo. El hombre (o mujer) común que no ha alcanzado el estado de Arahant[9] tiende a ser soberbio, tiende a estar orgulloso de su nacimiento, orgulloso de su educación, orgulloso de sus conocimientos, orgulloso de sus habilidades, orgulloso de sus logros... Tal presunción (māna) puede surgir incluso en aquellos que han alcanzado el tercer estadio de Iluminación –Anāgāmīs;[10] también ellos pueden tener cierta dosis de presunción, aunque no tan exagerada ni perjudicial. Los monjes deberían intentar liberarse de la presunción o al menos disminuirla y ser humildes. El monje engreído no puede ser accesible ni amistoso, no puede enseñar adecuadamente, no puede ser un buen líder ni un buen maestro para la gente; por todo ello un monje debe ser humilde. Cuanto más evolucionado espiritualmente es un monje, más humilde es.

 

El más destacado discípulo en vida del Buddha fue el Venerable Sāriputta. Siendo su principal seguidor, únicamente era superado por su propio Maestro, el Buddha Gotama. Sāriputta era, sin embargo, muy humilde. En cierta ocasión, Sāriputta se colocó el hábito interior desatinadamente, de tal manera que los bordes del mismo colgaban de forma incorrecta. Un novicio de siete años que había sido ordenado aquel mismo día, señalando a las vestiduras, advirtió al Venerable Sāriputta de su errada colocación. Sāriputta observó el hábito y, moviéndose a un lado, lo dispuso de la manera adecuada. Después de hacer eso, dobló sus manos en señal de reverencia hacia el joven novicio de siete años y dijo: “Maestro, ¿está bien ahora?” Sāriputta era muy humilde y por eso era apreciado por todos los monjes. Un monje debe ser así de humilde.

 

Debería estar contento”. Los monjes deben tener contentamiento, es decir, satisfacción con lo que tienen. Un monje no debería desear esto o aquello porque los monjes son sustentados por los laicos; por eso deben estar contentos y satisfechos con lo que tienen. Todo lo que los monjes deseen lo han de pedir a los laicos: “quiero estos hábitos...”, “quiero un cuenco nuevo...” Si los monjes anhelasen excesivas cosas, existiría una forma de acoso o molestia para los laicos. Los monjes deberían estar satisfechos, pues el contentamiento es una buena cualidad tanto por los monjes como por los laicos. Cuanto uno tiene contentamiento tiene felicidad. El Buddha dijo: “El contentamiento es la mejor de las riquezas, es el mejor de los tesoros.”

 

Los que viven satisfechos ya son ricos porque no desean nada más. En las escrituras, el contentamiento es comparado a cubrirse las plantas de los pies con suelas de cuero. No puedes revestir de cuero toda la superficie de la tierra. Pero si las plantas de tus pies están cubiertas, virtualmente toda la tierra está cubierta. Igualmente, cuando estás contento y satisfecho con lo que tienes, ya lo tienes todo porque no necesitas nada más. El contentamiento es una excelente cualidad que los monjes deberían poseer.

 

Debe ser fácil de sustentar...”. Un monje no debería quejarse de lo que recibe ni estar disconforme con lo que se le ofrenda. Cuando algo le es ofrecido, el monje no debería decir: “no quiero esto, quiero aquello...”; tales personas son difíciles de sustentar. Contentamiento con lo que se tiene y sencillez al ser sustentado: dos atributos que deberían caracterizar al monje. El monje que ostenta estas dos cualidades experimenta verdadera felicidad.

 

De pocas actividades...” Un monje no debería tener excesivas actividades; un monje no debe estar demasiado ocupado o absorto con cosas mundanas, ni enfrascado en tareas que no conducen al crecimiento espiritual. Lo que un monje tiene que hacer: la práctica del Dhamma y el estudio de las enseñanzas del Buddha. Otras actividades, otros asuntos son quehaceres innecesarios para un monje. Un monje debería tener escasas ocupaciones.

 

De pocas posesiones...” Un monje debería llevar una vida sencilla y tener pocas propiedades. El monje lleva una “vida sin hogar”. La vida en los monasterios también se considera una “vida sin hogar”. Los monjes deberían ser aptos para levantarse por la mañana e ir cualquier lugar sin demasiadas cosas que trasladar, deberían llevar una vida humilde.

 

Como sabéis, hay ocho requisitos para los monjes. Estos ocho requisitos son suficientes para llevar la vida de un monje. En los días del Buddha ya se concedían ocho requisitos; a otros monjes se les concedían hasta diez o doce requisitos.

 

Ciertamente, no son demasiados: cuencos, hábitos, sandalias, quizás un báculo... ellos viven humildemente. No ostentando excesivas pertenencias, ellos son libres para ir a donde quieran, pues no deben preocuparse de transportar todos sus objetos. Sería muy bueno que los monjes, en la época actual, mantuviesen la costumbre de tener pocas pertenencias; pues creo que hoy en día los monjes tienen demasiados objetos. Creo que, incluso yo mismo, tendría que alquilar una camioneta para la mudanza si tuviese que mudarme a otro lugar.

 

Dicen las escrituras que un monje debe ser como un pájaro, cuyas alas son su única propiedad. Un pájaro sólo lleva consigo sus dos alas cuando vuela a otro lugar; y así deberían ser los monjes. Nosotros somos monjes practicantes y por ello deberíamos tener una vida realmente sencilla, con pocas posesiones. Debe ser muy fácil ir aquí y allá cuando se tienen pocas propiedades. Actualmente hay monjes que tienen muchos objetos; otros, sin embargo, tienen menos; esto depende de la personalidad de cada uno.

 

Hay una historia sobre un monje muy renombrado y famoso que vivía en Anurādhapura, Sri Lanka. En cierta ocasión, otro monje, amigo suyo, que era afecto a tener demasiadas cosas, fue a visitarle. El monje visitante imaginaba que, por las mañanas, mucha gente llegaría al monasterio ofreciendo comida y otros requisitos porque su amigo, el monje residente, era ciertamente reputado y popular. Sin embargo, a primera hora de la mañana nadie hubo acudido al monasterio. Más tarde, el monje residente dijo al monje visitante que cogiera su cuenco para ir a recolectar alimentos. Partieron en búsqueda de comida y, cuando hubieron terminado, regresaron al monasterio.

 

El monje visitante pensaba que nadie se había acercado al monasterio en la mañana porque era muy temprano; “durante el resto del día seguramente la gente vendrá a ofrecernos alimentos...” –pensó. Pero nadie acudió al monasterio. Así vivía el monje residente: muy humilde y sencillamente, con pocas pertenencias.

 

En otra ocasión, mientras estos dos monjes estaban recolectando alimentos, el monje visitante le habló al monje residente de un lugar muy bonito, aunque lejano, y le sugirió que sería bueno ir hasta allí algún día. En aquel momento, habiendo ido a recolectar comida, se encontraban lejos del monasterio; no obstante, el monje residente propuso ir en aquel mismo momento.

 

-Bien, ¿y por qué no vamos ahora mismo? –dijo el monje residente.

 

-¡No puedo! –replicó el monje visitante-, he dejado mis cosas en el monasterio. Allí se ha quedado mi báculo, mi cuenco, mi manto, todas mis pertenencias... He de llevarlas conmigo.

 

-¿Por qué tienes tantas cosas?-, replicó el monje residente

 

Entonces, el monje visitante le dijo que él no necesitaba ir a ningún lugar, que cualquier lugar era bueno para él, y que allí, en la ciudad de Anurādhapura, había una estupa en la cual se veneraban las reliquias del Buddha; aseguró también que ya no deseaba ir a ningún otro lugar. El monje visitante volvió al monasterio dejando a su amigo, el monje residente, en aquel lugar.

 

Como vemos en esta historia, algunos monjes tienen pocas posesiones pero otros tienen demasiadas.

 

De sentidos controlados”. Otra buena cualidad para un monje es el control de los sentidos: controlado en la vista, controlado en el oído, etc. “Controlado en la vista” significa que un monje debería evitar incurrir en “akusala”[11] a través del ojo. Cuando un monje percibe un objeto, debe adiestrarse a sí mismo para evitar “akusala”. Un monje no debe mirar siempre aquí y allá como un simio. Por eso los monjes no están siempre mirando incontroladamente sino que mantienen la mirada baja siempre que es posible. También en el habla y en los demás sentidos un monje ha de ser restringido. Difícilmente podréis ver a un monje buddhista enredándose o alborozándose con la gente.

 

En cierta ocasión escuché una grabación que trataba sobre el modo correcto de conversar. En esa grabación el autor aconsejaba a los oyentes que, durante la conversación, mirasen a la cara de su interlocutor y les recomendaba que se estrechasen las manos. Tras escuchar aquella grabación pensé: “¡Vaya! Esto no está hecho para mi”. Cuando los monjes conversamos, no miramos fijamente a nuestro interlocutor, sino que intentamos mantener la mirada baja; y tampoco estrechamos las manos de la gente, principalmente tratándose de mujeres. Los monjes deben tener sus sentidos controlados. Vista, oído, olfato... sus sentidos deben estar controlados.

 

Discreto”. En este contexto debe entenderse por discreto a aquél que es verdaderamente inteligente, que tiene sabiduría.

 

Respetuoso”. Respetuoso en actos, en palabras y en pensamientos. Un monje no debe ser grosero. Un monje no debe ser arrogante.

 

Y no ávidamente apegado a familias”. Otra cualidad muy apreciable en un monje: no debe sentir apego por los laicos. Los monjes no deben estar vorazmente aferrados a las familias. Un monje no debería decir: “Esta persona me sustenta y, por eso, es como un hermano para mí (o como una hermana para mí)”. El Buddha decía que los monjes deben ser como la luna, que es nueva cada día. Hoy vemos la luna con una forma, pero al día siguiente vemos la luna con otra forma (porque ha menguado o ha crecido); por eso se dice que la luna es nueva cada día. De la misma manera, un monje debe ser nuevo cada vez que se relaciona con las familias. No debería tomar ni a sus nombres ni a sus direcciones. Todo esto quizás no sea muy atractivo para la mentalidad moderna, pero es lo que dicen las Escrituras; un monje no debería involucrarse en las penas ni en las alegrías de los laicos. La expresión pāli “Sahasoka, Sahanandi” significa sentir pena y alegría juntos. Un monje debe mantener la distancia con los laicos porque es alguien que ha abandonado todas esas tristezas y alegrías mundanas, es uno que lleva una vida sin hogar; por eso no debe verse afectado por los altibajos de la vida del hogar, de la vida de los laicos. Manteniendo siempre una prudente distancia, el monje no debe estar apegado a familias.

 

No debería cometer la más leve falta que pudiese ser motivo de censura por parte de los sabios”. Un monje debería considerar incluso la falta más leve y evitar toda acción que pudiese ser motivo de reproche por parte de personas sabias.

 

Éstas son las cualidades de un monje, los atributos que debería poseer un monje para estar en condiciones de cultivar la meditación de Benevolencia.

 

¿Cuántas cualidades en total? Un monje debería ser:

 

-        hábil

-        recto

-        perfectamente recto

-        dócil

-        gentil

-        humilde

-        tener contentamiento

-        ser fácil de sustentar

-        de pocas actividades u obligaciones

-        de pocas pertenencias

-        controlado en sus sentidos

-        discreto

-        respetuoso

-        no ávidamente apegado a familias

-        y no debe cometer la más pequeña falta que pudiese ser motivo de reprobación por parte de los sabios.

 

Un total de quince cualidades que los monjes deben desarrollar. También los laicos pueden y deben desarrollar estas cualidades hasta cierto punto.[12]

 

Prosiguiendo con el Mettā Sutta, el Buddha enseña cómo debe cultivarse la Benevolencia diciendo que el monje ha de albergar los siguientes pensamientos: “¡Que todos los seres estén felices y a salvo!”“¡Que todos sean felices de corazón!”. Un monje debería vivir irradiando este tipo de pensamientos hacia todos los seres vivientes.

 

“¡Que todos los seres que existen, débiles o fuertes, largos, enormes o medianos, o cortos, minúsculos o gruesos, conocidos o desconocidos, los que viven cerca y los que viven lejos, los nacidos y los que están por nacer. Que todos los seres sin excepción sean felices!”. Esto se puede resumir simplemente en: “¡Que todos los seres vivientes sean felices!”; esto es meditación de Amor Benevolente. También podemos especificar a qué tipo de seres deseamos la felicidad. En el Mettā Suttā el Buddha enseñó a los monjes, de diferentes formas, la meditación de Amor Benevolente.

 

Primero: “¡Que todos los seres que existen, débiles o fuertes...”. Esto significa: “¡que todos los seres débiles estén bien, felices y en paz!, ¡y que todos los seres fuertes estén bien, felices y en paz!”. Esto es una díada: seres débiles y seres fuertes; dos clases de seres según su fortaleza.

 

Luego: hay seres que son largos como las serpientes, “¡que todos los seres largos estén bien, felices y en paz!, ¡que todos los seres de longitud mediana estén bien, felices y en paz!, ¡que todos los seres cortos estén bien, felices y en paz!”. Tenemos una tríada, tres tipos de seres según su longitud: largos, normales, y cortos.

 

Hay seres grandes, como los elefantes o las ballenas, y también seres hay medianos y seres diminutos. “¡Que todos ellos estén bien, felices y en paz!”

 

Hay seres gruesos, otros de grosor normal y también seres delgados o escuálidos. “¡Que todos ellos estén bien, felices y en paz!”

 

Conocidos o desconocidos”. Hay seres a los que hemos visto antes y otros seres a los que no hemos visto anteriormente. “¡Que todos ellos estén bien, felices y en paz!”

 

Los que viven cerca y los que viven lejos”. Hay seres que están cerca de nosotros y muchos otros en lugares remotos. “¡Que todos ellos estén bien, felices y en paz!”

 

Los nacidos y los que están por nacer”. “¡Que todos ellos estén bien, felices y en paz!”

 

Éste es otro método para el cultivo del Amor Benevolente. En este centro todavía no hemos practicado de esta forma, con cuatro díadas y tres tríadas, que es la que enseña el Buddha en el Mettā Sutta.

 

Las cuatro díadas son:

1.     “¡Que todos los seres, débiles y fuertes, sean felices en mente y cuerpo!” “¡Que ellos estén bien, felices y en paz!”

2.     “¡Que todos los seres, conocidos y desconocidos, estén bien, felices y en paz!”

3.     “¡Que los seres que viven cerca y los que viven en lugares remotos estén bien, felices y en paz!”

4.     “¡Que los seres nacidos y los seres por nacer estén bien, felices y en paz!”

 

Y las tres triadas:

1.     “¡Que todos los seres largos, los de longitud mediana y los cortos estén bien, felices y en paz!”

2.     “¡Que todos los seres grandes, los de tamaño normal y los diminutos estén bien, felices y en paz!”

3.     “¡Que todos los seres gruesos, los normales y los flacos estén bien, felices y en paz!”

 

Ésta es la forma de practicar el Amor Benevolente que se explica en el Mettā Sutta.

 

Mettā puede cultivarse de diversas maneras. En este centro hemos estado practicando el método explicado en el Visuddhi Magga, dónde se expande gradualmente el rango hasta alcanzar a la totalidad de seres vivientes. Existe otro método más que contiene 528 formas de irradiación del Amor Benevolente[13] y que ya hemos practicado aquí. Podemos, pues, cultivar la Benevolencia mediante múltiples métodos. El Buddha enseñó en el Mettā Suttā cómo practicar el Amor Universal o Benevolencia en cuatro díadas y tres tríadas.

 

El discurso continúa: “Que nadie engañe ni desprecie a otro en ningún lugar”. Esto también es una manifestación del Amor Benevolente. “¡Que nadie desee el sufrimiento para otro, por enfado o maldad

 

Como una madre protege a su propio hijo, a su único hijo, aun a riesgo de su vida, de la misma manera, uno debería cultivar un inconmensurable corazón para con todos los seres”. Este verso es realmente maravilloso. Una madre cuidaría a su único hijo aun a riesgo de su propia vida. Hasta ese punto debe uno cultivar la Benevolencia hacia todos los seres. Cuando practiquéis la meditación de Benevolencia, debéis contemplar a todos los seres como si fuesen vuestro propio hijo, vuestro único hijo a quien protegeríais aunque peligrase vuestra propia vida.

 

“¡Que sus pensamientos de infinito amor se extiendan por todo el mundo!”. En la meditación de Amor Benevolente deben irradiarse pensamientos de amor hacia todos los seres sin ninguna excepción.

 

Arriba, abajo y a lo ancho”: arriba hacia los reinos de los dioses, abajo hacia los reinos infernales; los pensamientos de Amor Universal deben extenderse a través de todo el Universo.

 

“Sin barreras, sin odio, sin enemistad”. Para finalizar la meditación, los pensamientos de Amor Benevolente se extienden a todos los seres vivientes, sin excepción, en todos los universos, en todo lugar. Se dice que el Amor Benevolente es un estado inconmensurable, ilimitado,[14] porque abarca a todos los seres vivientes.

 

Estando parado, caminando, sentado o acostado, siempre que uno esté consciente, debería mantener tal atención. Pues se dice que ése es un estado sublime”. Aquí se explica cuándo debemos practicar el Amor Benevolente; “...tal atención” es atención acompañada de Amor Benevolente. Por lo tanto, uno debería mantener el Amor Benevolente mientras está de pie, y también cuando está caminando, sentado o acostado, siempre que uno esté despierto; es decir, que el Amor Benevolente puede practicarse en cualquier ocasión. Se puede practicar mientras uno conduce, mientras viaja en autobús o en avión, o cuando está en el trabajo... es posible practicar el Amor Benevolente cualquiera que sea la actividad que uno esté realizando.

 

Estando parado, caminando, sentado o acostado, siempre que uno esté consciente, debería mantener tal atención: la atención acompañada de Amor Benevolente.”

 

Pues se dice que éste ése es un estado sublime”. Cuando se práctica el Amor Benevolente, uno está practicando un Estado Sublime, una Noble Vida, una de las Moradas Sublimes.

 

No cayendo en opiniones erróneas, virtuoso y dotado de visión cabal, uno elimina el apego al deseo de los sentidos. Verdaderamente, ése es uno que no llega de nuevo a un vientre”. El Amor Benevolente puede conducir al logro de las absorciones meditativas: la primera jhāna, la segunda jhāna, la tercera jhāna y la cuarta jhāna. Únicamente la quinta jhāna no puede ser lograda.[15] Después, tomando como base el estado de abstracción obtenido, uno puede practicar Vipassanā y alcanzar la meta final.

 

No cayendo en opiniones erróneas” significa la erradicación de la opinión incorrecta gracias a la consecución del primer estado de santidad.[16]

 

Virtuoso y dotado de visión cabal, uno elimina el apego al deseo de los sentidos”. Con la meditación Vipassanā basada en el Amor Benevolente, uno puede lograr el primer estado de santidad, el segundo y el tercero; y es en este último donde se erradica totalmente el deseo de los sentidos.

 

Verdaderamente, ése es uno que no llega de nuevo a un vientre”. Aquel que alcanza el tercer estado de santidad, un Anāgāmi,[17] no retornará al mundo humano, no renacerá otra vez en este mundo de placeres de los sentidos. Esa persona no volverá a nacer de un vientre.

 

Lo mismo puede aplicarse para el Arahant: cuando uno logra el estado de Arahant,[18] por medio de Vipassanā basada en el Amor Universal, no volverá a renacer en otra existencia. Por eso la sentencia “verdaderamente, ése es uno que no llega de nuevo a un vientre” puede ser aplicado también a un Arahant.

 

La meditación de Amor Benevolente puede proporcionar felicidad y también puede conducir al logro de las jhānas. Pero si practicáis el Amor Benevolente hasta lograr los estados de absorción y utilizáis éstos como base para Vipassanā, podréis lograr los diferentes estados de Iluminación: primero, segundo, tercero y cuarto estados de santidad. La voluntad del Buddha era que no estuviésemos satisfechos con alcanzar únicamente estados de absorción basados en la meditación de Amor Benevolente sino que practicásemos también Vipassanā utilizando esos estados de absorción como base. De esta forma podremos convertirnos en Nobles (Ariyas).

 

El Amor Benevolente fue muy elogiado por el Buddha. En cierta ocasión proclamó: “Monjes, cualesquiera méritos mundanos que existan, todos ellos juntos no valen tanto como un dieciseisavo de la liberación del corazón mediante el Amor Benevolente. En brillo, en irradiación y en esplendor, la liberación del corazón mediante el Amor Benevolente se distingue sobre todo lo demás.”[19]

 

Para elogiar el Amor Benevolente dijo el Buddha: “Monjes, cualesquiera méritos mundanos que existan, todos ellos juntos no valen tanto como un dieciseisavo de la liberación del corazón mediante el Amor Benevolente”. Con esto el Buddha quiso decir que el Amor Benevolente puede brindarnos estados de absorción (jhānas).

 

En otro discurso el Buddha dijo: “Monjes, de la misma manera que los clanes con muchas mujeres y escasos hombres son rápidamente arrasados por ladrones y bandidos, el monje que no ha desarrollado el Amor Benevolente es fácilmente arruinado por seres no-humanos.[20] Un clan o familia formado por muchas mujeres y pocos hombres puede ser fácilmente desvalijado por bandidos y malhechores. De la misma manera, los monjes que no practican la meditación de Amor Benevolente pueden ser asolados por seres no-humanos. Si uno tiene miedo de los seres no humanos, debería cultivar el Amor Benevolente.

 

En otro Sutta, el Buddha dijo: “Monjes, si un monje cultiva el Amor Benevolente, aunque sea durante el tiempo que dura un chasquido de dedos, ése es llamado un monje. No está desamparado en la meditación de serenidad. Es alguien que realiza la Enseñanza del Maestro, que sigue su consejo y no se alimenta en vano con la comida donada. ¿Qué podrá decirse, pues, de aquellos que la cultivan con frecuencia?”[21] Según el Buddha, si un monje practica el Amor Benevolente, aunque sólo sea durante el tiempo que dura un chasquido de dedos, ése es llamado un monje, es alguien que realiza su Enseñanza, es alguien que sigue su consejo y que no se alimenta vanamente con la comida que le ofrecen. Esto es muy importante: los monjes son mantenidos por los laicos, se alimentan con la comida que los laicos les ofrecen. Por eso deben comer de forma que no incurran en deuda alguna. Un monje está en deuda si se alimenta incorrectamente con la comida donada; tendrá que saldar esa deuda renaciendo en una futura existencia como criado en la casa de un laico, etc. ¿Qué debe hacer un monje para no endeudarse cuando los laicos le ofrecen comida? Debe hacer una de estas dos cosas:

 

-        Debe comer reflexionando: “Ingiero estos alimentos no por embellecimiento, ni para fortalecer el cuerpo, ni por arrogancia, sino únicamente para poder continuar las enseñanzas del Dhamma y poder practicar la meditación”. Con esta reflexión deben alimentarse los monjes. Por eso ellos evitan conversar mientras comen.

-        Si, cuando están comiendo, no recuerdan reflexionar de la forma explicada anteriormente, deben cultivar Amor Benevolente hacia quienes les han ofrecido los alimentos, hacia sus sustentadores. El monje que practica la meditación de Amor Benevolente hacia ellos “no se alimenta en vano con la comida donada”.

 

El Amor Benevolente fue muy elogiado por el Buddha. Once beneficios pueden obtenerse mediante el cultivo del Amor Benevolente.[22] Creo que ya hablé de estos once beneficios en una de mis charlas. ¿Cuáles son los primeros? Uno puede dormir plácidamente y confortablemente; uno se despierta con facilidad. Estos beneficios pueden ser muy útiles. Mucha gente tiene dificultad al conciliar el sueño. Si usted es  uno de ellos, debería practicar la meditación de Amor Benevolente cuando se vaya a dormir. Cuando esté acostado en la cama, uno debería practicar la meditación de Amor Benvolente, en lugar de cavilar otras preocupaciones. “¡Que todos los seres estén bien, felices y en paz! ¡Que todos los seres estén bien, felices y en paz!”. Acuéstese con estos pensamientos. Usted dormirá bien, se levantará agradablemente, y no experimentará sueños negativos o sueños terroríficos. Muchos beneficios pueden ser obtenidos gracias a la meditación de Amor Benevolente y también con la meditación Vipassanā.

 

En los países buddhistas es una costumbre recitar estos discursos. Muchos piensan equivocadamente que estos Suttas son únicamente para ser recitados, pero no es así. Es cierto que, recitándolos, uno está cultivando el Amor Benevolente; pero las Enseñanzas de este Sutta también deben ser desarrolladas, practicadas y aplicadas a la vida diaria. Por eso, cuando aquí practicamos la meditación de Amor Benevolente, siempre pido que repitáis las frases diez o más veces, o las veces que vosotros deseéis. De esa forma estáis practicando y desarrollando el Amor Benevolente mucho mejor que si uno se limita únicamente a recitar cada oración una sola vez.

 

Es una tradición en nuestro país recitar este Sutta en cada ceremonia. Eso no es malo, pero es insuficiente. No debemos contentarnos con eso. Hemos de desarrollar realmente el Amor Benevolente por medio de la practica sería.

 

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* Mettā Sutta—Amor Universal (Comentarios al Mettā Sutta). Plática impartida por el Ven. U Silananda. Traducción al español por Jorge Fabra.  Este material puede ser reproducido para uso personal, puede ser distribuido sólo en forma gratuita. ©CMBT 2004. Última revisión domingo, 02 de mayo de 2004. Fondo Dhamma Dana.




[1] Según el Comentario, el grupo de monjes recibió del Buddha un tema de meditación porque se disponía a emprender el retiro de la estación de las lluvias (Vassa), un periodo de tiempo entre Julio y Octubre durante el cual los monjes deben establecerse en un lugar fijo y no deambular a su antojo, ya que éste es un tiempo en el cuál, tanto monjes como laicos, deben incrementar el esfuerzo y perseverancia en la práctica del Dhamma.

[2] El Comentario explica también que los habitantes del lugar se llenaron de alegría al ver que la comunidad de monjes había ido a aquel lugar de los Himalayas a practicar la meditación y por eso les rogaron que se quedasen allí durante todo el retiro. Las divinidades, cuyas mansiones celestiales estaban construidas sobre los árboles del bosque, descendieron de los mismos en señal de veneración a los monjes, por tratarse de personas de comportamiento virtuoso. Las divinidades, no obstante, pensaban que la estancia de los monjes en el bosque sería breve.

[3] En pāli: Mettā Bhāvanā              

[4] Sutta Nipāta I.8. Hay traducción directa del pāli al español por Bhikkhu Nandisena (Fondo Dhamma Dana).

[5] Khuddaka Nikāya (Colección Menor) es una de las colecciones del Sutta Pitaka (La Cesta de los Discursos) del Canon Pāli.

[6] Según los Comentarios de la Tradición Theravāda, el término monje (bhikkhu), no se refiere solamente a los que han recibido ordenación monástica (upasampadā), sino a todo aquél que ve peligro en el ciclo de renacimientos.

[7] Māngala Sutta (Khuddakapātha 5) y Maha-māngala Sutta (Sutta Nipata II.4) ambos son libros del Khuddaka Nikāya (Colección de Textos Cortos, ver nota 4)

[8] Los Cuatro Nobles Estados. En pali, Brahma Vihāra.

[9] Ver nota 18.

[10] Ver nota 17.

[11] Akusala, lit. perjudicial, insano.

[12] Ver nota 6.

[13] Patisambhidāmagga, otro de los libros del Khuddaka Nikāya (Colección Menor, ver nota 5.)

[14] La palabra pāli es “appamāna”: inconmensurable, infinito.

[15] Jhāna, absorción meditativa de la meditación de tranqulidad (samatha). De acuerdo a la cuádruple exposición de las jhānas, con la meditación de Amor Benevolente se puede alcanzar hasta la tercera absorción. Atendiendo la quíntuple exposición de las jhānas (de acuerdo con el método del Abhidhamma), que es a la que se refiere aquí el Ven. U Sīlānanda, con la meditación de Amor Benevolente es posible llegar hasta la cuarta jhāna pero no obtener la quinta.

[16] Sotāpanna, lit., “el que ha entrado en la corriente”. Persona que ha erradicado las tres primeras trabas que sujetan al ciclo de renacimientos; uno que “ha entrado en la corriente” que le llevara inexorablemente al Nibbāna renacerá por un máximo de siete veces y únicamente en un estado humano o divino. Las tres trabas erradicadas por “el que ha entrado en la corriente” son:

-        la ilusión de un “yo” permanente e inmutable,

-        la duda escéptica (en la validez del Buddhadhamma),

-        la adherencia a ritos y ceremonias.

[17] Anāgāmi, lit. “el que no regresan” al mundo de la existencia sensorial. Renacerán espontáneamente en esferas superiores.

[18] Arahant, persona que ha purificado totalmente la mente.

[19] Itivuttaka, otro de los libros del Khuddaka Nikāya (ver nota 5).

[20] Samyutta Nikāya 20.3.

[21] Anguttara Nikāya I, 53-55.

[22] Anguttara Nikāya XI.16.