El Refugio en el Buddha*

 

por Bhikkhu Bodhi

 

 

Traducción española por Horacio McKinlay

 

 

El primer paso para entrar en el camino buddhista es buscar refugio en la Triple Joya, y la primera de las tres joyas a la que nos acercamos como refugio es el Buddha, el Iluminado. Dado que el acto de ir al Buddha en busca de refugio marca el comienzo de un nuevo capítulo en nuestra vida, vale la pena tomar pausas repetidamente y reflexionar sobre el significado de este paso importante. Con demasiada frecuencia somos propensos a dar por supuestos nuestros primeros pasos. No obstante, solamente si revisamos estos pasos de vez en cuando con una conciencia cada vez más profunda de sus implicaciones podemos estar seguros de que los pasos siguientes que tomemos nos traerán más cerca de nuestro destino deseado.

 

El buscar refugio en el Buddha no es una acción única que ocurre sólo una vez y se lleva a cabo con una finalidad absoluta. Es, o deber ser, un proceso de evolución continua que madura en forma conjunta con nuestra práctica y comprensión del Dhamma. Buscar refugio no implica que desde el principio ya poseamos una comprensión clara de los peligros que hacen que un refugio sea necesario o de la meta hacia la que aspiramos. La comprensión de estos asuntos se desarrolla gradualmente con el tiempo. Pero en la medida en que hemos realmente buscado refugio a través de una motivación sincera, deberíamos hacer un verdadero esfuerzo para afinar y profundizar nuestra comprensión de los objetos a los que nos hemos dirigido como la base de nuestro rescate.

 

En la búsqueda de refugio en el Buddha resulta esencial en un principio aclarar nuestra concepción de lo que es un Buddha y como funciona como un refugio. Si se carece de tal claridad, nuestro sentido del refugio puede fácilmente desvirtuarse con ideas erróneas. Podemos atribuir al Buddha una condición que él nunca pretendió para sí mismo, tal como sucede cuando lo consideramos como la encarnación de un dios, como la emanación del Absoluto, o como un salvador personal. Por otra parte, podemos quitar valor a la condición enaltecida de que el Buddha merece, como sucede cuando lo consideramos simplemente como un sabio benévolo, como un filósofo asiático extraordinariamente astuto, o como un genio de la tecnología de la meditación.

 

Un concepto correcto de la naturaleza del Buddha lo vería en términos de la denominación que él se asignó como una persona completamente auto-iluminada (samma sambuddha). Es auto-iluminado porque despertó a las verdades esenciales de la existencia enteramente por su propio esfuerzo, sin un maestro o un guía. Es plenamente iluminado porque ha comprendido estas verdades completamente, en todas sus ramificaciones e implicaciones. Y como Buddha, no solamente ha profundizado estas verdades él mismo, también las ha enseñado al mundo para que otras personas puedan despertar del largo sueño de la ignorancia y lograr los frutos de la liberación.

 

Tomar refugio en el Buddha es un acto anclado en un individuo histórico particular, es decir, el asceta Gotama, el vástago del clan Sakyan, quien vivió y enseñó en el valle del Ganges durante el quinto siglo A.C. Cuando tomamos refugio en el Buddha, confiamos en este individuo histórico y el cuerpo de enseñanzas que provienen de él. Es importante acentuar este punto considerando la noción que está ahora de moda de que tomar refugio en el Buddha significa que tomamos refugio en "la mente del Buddha dentro de nosotros mismos" o en "el principio universal de la iluminación." Tales ideas, si se dejan sin corregir, pueden conducir a la creencia de que cualquier cosa que ingeniamos en los vuelos de nuestra imaginación puede considerarse como el verdadero Dhamma. Al contrario, la tradición buddhista insiste que cuando buscamos refugio en el Buddha, nos ponemos nosotros mismos bajo la guía de alguien que es claramente diferente de nosotros, alguien que ha escalado alturas que apenas hemos comenzado a vislumbrar.

 

Pero cuando confiamos en el asceta Gotama como nuestro refugio, no lo consideramos meramente como un individuo particular, una persona sabia y sensata. Más bien, lo consideramos como un Buddha. Es su buddheidad -su posesión de la gama completa de excelentes cualidades que acompañan a la iluminación perfecta- que hace que el asceta Gatama sea un refugio. En cualquier época cósmica, un Buddha es aquél que primero penetra la masa oscura de la ignorancia que cubre el mundo y redescubre el camino perdido al Nibbana, la cesación del sufrimiento. Él es el pionero que abre camino, que descubre el sendero y proclama el camino para que otros, al seguir sus pasos, puedan extinguir su ignorancia, llegar a la sabiduría verdadera, y romper las trabas que los atan al ciclo de repetida muerte y nacimiento.

 

Para que el refugio en el Buddha sea genuino, debe ser acompañado por un compromiso hacia el Buddha como un maestro incomparable, inaventajable e insuperable. Estrictamente hablando, el Buddha histórico no es único dado que han habido otros Completamente Iluminados que han aparecido en épocas pasadas y habrá otros que vendrán en las épocas futuras también. Pero en cualquier universo en particular es imposible que un segundo Buddha aparezca mientras la enseñanza del primer Buddha está todavía vigente, y por lo tanto en términos de la historia humana, estamos justificados en ver al Buddha como un maestro único, no igualado por ningún otro maestro espiritual conocido por la humanidad. Es esta disposición para reconocer al Buddha como "el insuperable entrenador de personas capaces de la purificación, el maestro de los dioses y de los humanos" que es la marca de calidad de un acto auténtico de tomar refugio en el Buddha.

 

El Buddha sirve como un refugio por enseñar el Dhamma. El refugio actual y final, empotrado dentro del Dhamma como refugio, es el Nibbana, “el elemento inmortal libre de apegos, el estado sin pesar que está exento de mancha”. El Dhamma como refugio comprende la meta final, el camino que conduce a esa meta, y el cuerpo de enseñanzas que explican la práctica del camino. El Buddha como refugio no tiene capacidad para darnos la liberación por un acto de voluntad suyo. Él proclama el camino a seguir y los principios que deben ser entendidos. El trabajo real de seguir el camino entonces es dejado a nosotros, sus discípulos.

 

La respuesta apropiada al "Buddha como refugio" es la sinceridad y la confianza. Se requiere la confianza porque la doctrina enseñada por el Buddha va en contra del entendimiento innato de nosotros mismos y nuestra orientación natural hacia el mundo. Por lo tanto aceptar esta enseñanza tiende a despertar una resistencia interior, aún puede provocar una rebelión contra los cambios que se requiere que hagamos en la manera en que llevamos nuestras vidas. Pero cuando ponemos confianza en el Buddha nos abrimos a su guía. Al buscar refugio en él mostramos que estamos preparados a reconocer que nuestras tendencias inherentes a la afirmación del yo y el apego son en verdad la causa de nuestro sufrimiento. Y estamos listos para aceptar su consejo que dice que para volverse libres de sufrimiento estas tendencias deben ser controladas y eliminadas.

 

La confianza en el Buddha como nuestro refugio se despierta inicialmente cuando contemplamos sus sublimes virtudes y su excelente enseñanza. Crece mediante nuestro compromiso en el entrenamiento. Al principio nuestra confianza en el Buddha puede ser vacilante, punzada por dudas y perplejidad. Pero mientras nos aplicamos en la práctica de su camino, encontramos que nuestras desviaciones gradualmente disminuyen, que las cualidades saludables aumentan, y con esto emerge un sentido creciente de libertad, paz y alegría. Esta experiencia confirma nuestra confianza inicial, animándonos a avanzar unos pasos más. Cuando por fin vemos la verdad del Dhamma por nosotros mismos, el refugio en el Buddha se vuelve inviolable. La confianza deviene en convicción, la convicción de que el Sublime es "el que habla, el que proclama, el que trae el bien, el que da la Inmortalidad, el señor del Dhamma, el Tathagata."

 

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* Venerable Bhikkhu Bodhi. Traducción española por Horacio Mackinlay del Centro Zen de México. El traductor desea agradecer la colaboración de Laura Espinosa y Claudia Gómez. Traducción española con permiso del Ven. Bhikkhu Bodhi de la Buddhist Publication Society. Ensayo #21 (Primavera 1992) del boletín de la Buddhist Publication Society. Copyright © 1992 Buddhist Publication Society. Este material puede ser reproducido para uso personal, puede ser distribuido sólo en forma gratuita. Traducción española ©CMBT 2001. Última revisión martes 9 de octubre de 2001. Fondo Dhamma Dana.