TISSATTHERAVATTHU (3)*

 


“Me insultó ...”
Esta instrucción religiosa fue impartida por el Maestro cuando residía en (el monasterio de) Jetavana con referencia al monje Tissa.

 

 

                Dicen que el monje Tissa era hijo de la tía del Sublime.[1] Él era corpulento y se había ordenado en edad avanzada. Disfrutando de la ganancia y la gloria obtenida por el Buddha, usando hábitos bien planchados y alisados,[2] se sentaba usualmente en el medio de la sala de congregación.

 

            En una cierta ocasión vinieron unos monjes visitantes a ver el Tathàgata y cuando lo vieron percibieron “éste debe ser un monje antiguo”. Fueron a su presencia y le solicitaron permiso para realizar los deberes, ofrecieron masajearle los pies.[3] Tissa permaneció en silencio. Entonces, un cierto monje joven le preguntó: “¿Cuántos años como monje tiene usted?”[4] Él respondió: “No tengo antigüedad, me ordené en edad avanzada”. El monje joven con un chasquido de dedos dijo: “Hermano,[5] obstinado, viejo, no conoces tu medida. Ni siquiera has ofrecido tus respetos a los monjes antiguos. Cuando se te pregunta acerca de los deberes, permaneces en silencio. Y ni siquiera tienes remordimiento”. Tissa, haciendo surgir el orgullo de su clase guerrera, les preguntó: “¿Ustedes a quién han venido a ver?” “Al Maestro”. Y les dijo: “Ustedes me consideran cualquier cosa; los voy a eliminar de raíz”. Llorando, doliente, deprimido fue a ver al Maestro. El Maestro le preguntó: “¿Por qué, Tissa, usted viene doliente, deprimido, llorando con lágrimas en los ojos?” También esos monjes pensando “éste va a crear algún problema” fueron junto con él a ver al Maestro, lo reverenciaron y se sentaron a un lado. Tissa respondió a la pregunta del Maestro: “Venerable Señor, estos monjes me están insultando”. “¿Pero, dónde estaba usted sentado?” “En el centro del monasterio, en la sala de congregación, venerable Señor”. “¿Usted vio a estos monjes cuando llegaron?” “Sí, los vi, venerable Señor”. “¿Usted se levantó y fue a recibirlos?” “No, venerable Señor”. “¿Ofreció tomar sus requisitos?”[6] “No, venerable Señor”. “¿Ofreció servicios o agua?” “No, venerable Señor”. “¿Después de preparar asientos y reverenciarlos, les masajeo los pies?” “No lo hice, venerable Señor”. “Tissa, hay que hacer todos estos deberes a los monjes antiguos. No es correcto estar sentado en el medio del monasterio sin realizar estos deberes. Ésta es su falta. ¿Les ha pedido perdón a estos monjes?” “Señor, ellos me insultaron. Yo no les pediré perdón”. “Tissa, no diga eso; es su falta. ¿No les pedirá perdón?” “No les pediré perdón, Señor”. Entonces, esos monjes dijeron “Señor, éste es un obstinado” y el Maestro dijo: “Monjes, no sólo ahora, éste es un obstinado; también en el pasado fue obstinado”. “Señor, nosotros conocemos que él es obstinado ahora. ¿Pero qué hizo él en el pasado?” El Maestro dijo “en ese caso, monjes, escuchad” y relató el pasado.

 

la historia de devila y nàrada

 

                En el pasado, cuando en el rey de Bàràäasì reinaba en Bàràäasì había un asceta de nombre Devila. Él, después de residir por ocho meses en los Himalayas, tuvo el deseo de ir por cuatro meses cerca de la ciudad para obtener sal y productos agrios. Bajó de los Himalayas y cuando vio a los niños en la puerta de la ciudad, preguntó: “¿Dónde se alojan en esta ciudad los renunciantes que han llegado?” “En el taller del alfarero, señor”. El asceta fue al taller y se paró en la puerta: “Si no es problema para usted, Bhaggava, me alojaría una noche en el taller”. El alfarero dijo: “Señor, de noche no hay trabajo en el taller; el taller es grande; esté a gusto”. Y cedió el taller.

 

            Después que Devila entró y se sentó allí, también vino de los Himalayas otro asceta de nombre Nàrada y pidió al alfarero permiso para residir en el taller por una noche. El alfarero pensó: “¿Querrá o no, el primero que vino estar junto con éste? Me sacaré este problema de encima”. Y dijo: “Señor, si el que llegó primero está de acuerdo, que usted resida con él a su gusto”. Nàrada se aproximó a Devila y solicitó permiso: “Maestro, si no tiene inconvenientes, nosotros residiremos aquí una noche”. Devila dijo: “El taller es grande; entre y alójese a un lado”. Nàrada entró y se sentó del otro lado de Devila que había entrado antes. Ambos, después de platicar amigablemente, se acostaron.

 

            Antes de dormirse, Nàrada observó donde estaba la puerta y el lugar donde Devila estaba acostado. Pero Devila no se acostó en ese lugar sino en frente de la puerta. Nàrada cuando salió en la noche pisó las greñas de Devila. Éste preguntó “¿Quién me pisó?” “Maestro, yo”. “Asceta falso, vienes del bosque y pisas mis greñas”. “Maestro, no sabía que estaba durmiendo aquí; perdóneme”. Y no obstante los gritos, salió. Devila pensó: “Éste cuando regrese también me pisará”. Entonces se giró, colocó la cabeza en el lugar de los pies y se durmió. Nàrada entrando pensó: “Cuando salí ofendí al maestro; ahora entraré por el lado de los pies”. Y cuando entró le pisó el cuello. “¿Quién es?” “Yo, Maestro”. “Asceta falso, primero me pisas las greñas y ahora el cuello. Te maldeciré”. “Maestro, no tengo culpa. No sabía que estaba durmiendo de ese lado. Pensé ‘primero, cometí un error, ahora entraré por el lado de los pies’. Perdóneme”. “Asceta falso, te maldeciré”. “Maestro, no haga eso”. Sin escuchar sus palabras, Devila lo maldijo:

 

Tiene mil rayos, cientos de flamas, el sol que disipa la oscuridad. Temprano, cuando salga el sol, que tu cabeza se parta en siete pedazos.

 

                Nàrada dijo: “Maestro, usted me maldice no obstante que le digo que no tengo culpa. Que la cabeza de aquel que tiene culpa se parta en siete partes y no la de aquel que no la tiene”. Y también lo maldijo:

 

Tiene mil rayos, cientos de flamas, el sol que disipa la oscuridad. Temprano, cuando salga el sol, que tu cabeza se parta en siete pedazos.

 

                Pero Nàrada que poseía gran poder podía percibir ochenta eones, cuarenta en el pasado y cuarenta hacia el futuro. Entonces, investigando sobre quien caería la maldición, comprendió que ésta caería sobre el maestro y sintiendo compasión hacia él, por medio de sus poderes sobrenaturales, evitó que salga el sol.

 

            Al no salir el sol, los ciudadanos, fueron a ver al rey y llorando dijeron: “Majestad, usted es el rey y el sol no sale; haga salir el sol para nosotros”. El rey investigando su acciones corporales, verbales y mentales pasadas no vio nada incorrecto y pensó: “¿Cuál es la razón?” Sospechando que debía haber una disputa entre renunciantes preguntó “¿Hay renunciantes en esta ciudad?” “Majestad, ayer por la tarde, vinieron al taller del alfarero”. El rey en ese mismo momento llevando antorchas fue allí, saludó a Nàrada, se sentó a un lado y dijo:

 

No hay trabajo en Jambudìpa, Nàrada. ¿Por qué el mundo está oscuro? Responde a esta pregunta.

 

                Nàrada le explicó todo el asunto al rey. “Por esta razón él me maldijo. Entonces, yo también lo maldije diciendo: ‘No tengo culpa. Que la maldición caiga sobre aquel que tiene culpa’. Y después de maldecirlo, considerando ‘¿Sobre quién caerá la maldición?’, comprendí que a la salida del sol la cabeza del maestro se partiría en siete pedazos. Sintiendo compasión hacia él, no deje que salga el sol”. “¿Señor, cómo se puede evitar que ocurra esto?” “Si él me pide perdón, no ocurrirá”. “Si es así, pídale perdón”. “Majestad, él me pisó las greñas y el cuello. Yo no le pediré perdón a este asceta falso”. “Señor, pídale perdón. No sea así”. “No le pediré perdón”. Aun cuando le dijeron que su cabeza se partiría en siete pedazos, no le pidió perdón. Entonces, el rey, comprendiendo que Devila no pediría perdón voluntariamente, ordenó que lo aprehendieran de las manos, pies, vientre y cuello y lo hicieran inclinarse ante Nàrada. Nàrada dijo “Levántese  Maestro, lo perdono”. “Majestad, éste no me pide perdón voluntariamente. No lejos de la ciudad hay un lago. Allí haga que coloquen una molde de barro sobre su cabeza y que lo sumerjan hasta el cuello”.

 

            El rey hizo lo indicado. Nàrada se dirigió a Devila: “Maestro, cuando con mis poderes sobrenaturales deje que el sol salga, sumérjase en el agua, emerja por otro lugar y váyase”. El molde de barro en el mero momento que fue tocado por los rayos del sol se partió en siete pedazos. Devila se sumergió y escapó por otro lugar.

 

                El Maestro después de relatar esta historia del Dhamma dijo: “En ese tiempo, monjes, el rey era Ànanda, Devila era Tissa y Nàrada era yo mismo. Así, él también en el pasado era obstinado”. Y dirigiéndose al monje Tissa dijo: “Tissa, cuando un monje piensa ‘éste me insultó, éste me golpeó, esté me venció, éste robó mis pertenencias’ la enemistad no se apacigua. Pero en aquel que no piensa así se apacigua”. Y pronunció estos versos:

 

3. Me insultó, me golpeó, me venció, me robó; en aquellos que albergan estos pensamientos, la enemistad no se apacigua.

 

4. Me insultó, me golpeó, me venció, me robó; en aquellos que no albergan estos pensamientos, la enemistad se apacigua.

               

comentario del verso

 

Aquí “insultó” significa vituperó.[7] “Golpeó” significa pegó. “Venció” significa me derrotó por medio de un testigo falso o por medio de aserción y contra-aserción o por medio de  contra-réplica. “Me robó” significa robó algunas de mis pertenencias como el tazón, etc. “Aquellos que (albergan) éstos[8] (pensamientos)” significa cualquiera que, sea divinidades o humanos o laicos o renunciantes, alberga enemistad basada en esto: “me insultó, etc.” — así como atar el yugo una y otra vez con una correa o envolver pescado podrido con hojas de kusa[9] — la enemistad una vez surgida, “no se apacigua,” no se pacifica. “Aquellos que no albergan éstos (pensamientos)” significa, ya sea sin considerar o sin prestar atención o reflexionando en la Ley de Kamma, no albergan enemistad basada en esto: “me insultó, etc.”; considerando que, a pesar de estar libres de culpa (ahora), deben haber insultado a alguien en una existencia anterior, golpeado a alguien, vencido a alguien usando un testigo falso, robado algo de alguien por medio de la fuerza; por lo tanto, a pesar de estar libres de culpa, encuentran insultos, etc. De esta manera, no albergan (estos pensamientos). Entre éstos, la enemistad surgida, debido a la falta de consideración, se apacigua, no albergando estos pensamientos, así como un incendio forestal se extingue debido a la falta de combustible.

 

                Al final de verso cien mil monjes realizaron la fruición de ganador de la corriente, etc. El sermón fue beneficioso para la multitud y el monje obstinado fue dócil.

 

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NOTAS

[1] ‘Pitucchàputta’, hijo de la hermana del padre.

[2] ‘Àkoåitapaccàkoåita’.

[3] ‘Vatta’, deber o servicio. Los monjes jóvenes tradicionalmente tienen que realizar ciertos servicios hacia los más antiguos.

[4] ‘Vassa’, literalmente año, lluvia. Los monjes cuentan su antigüedad no por año calendario sino por la cantidad de temporadas de las lluvias completadas. La temporada de las lluvias se extiende por tres meses desde aproximadamente julio-agosto hasta octubre-noviembre. Al finalizar una temporada de lluvias los monjes agregan un año a su antigüedad.

[5] ‘Àvuso’ es un término usado para dirigirse a monjes de menor antigüedad. En este contexto se está usando de una manera despectiva y autoritaria.

[6] Se refiere a la costumbre de tomar el tazón y otros requisitos de los monjes visitantes más antiguos como muestra de cortesía y respeto.

[7] El DRAE define ‘vituperar’ como criticar a una persona con dureza; reprenderla o censurarla.

[8] “Taç” es acusativo singular de los tres géneros. Sin embargo, tiene un significado plural, aquí traducido como “éstos.”

[9] Nombre científico Poa cynosuroides.

 

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* Traducido del pali por Bhikkhu Nandisena. Edición del Sexto Concilio Budista. Referencia: Dhammapada-Aååhakathà i 25-29. Más información bibliográfica. Este material puede ser reproducido para uso personal, puede ser distribuido sólo en forma gratuita. ©CMBT 2000. Última revisión lunes, 13 de marzo de 2000. Fondo Dhamma Dana. Este documento requiere la fuente Times Pali.