La Virtud (Sīla)*

 

Venerable U Silananda

Traducción al español por Jorge Fabra

 

 

Estoy muy contento de este retiro. En esta ocasión somos un grupo muy numeroso y además vuestra práctica me llena de satisfacción. Éste es el mayor grupo que se ha reunido aquí hasta ahora, habiendo conseguido colmar este centro de retiro. Aquí podemos albergar hasta un número máximo de cuarenta y dos personas y ésas son exactamente las que estamos aquí. Estoy realmente satisfecho de la práctica de los yoguis aquí presentes, pues está llena de respeto y diligencia. Nos hemos reunido con el propósito de conseguir tranquilidad de la mente, con el propósito de lograr algo en relación al desarrollo espiritual. Sabed que al practicar la meditación vipassana estamos rindiendo homenaje al Buddha de la mejor forma posible.

 

Según las palabras del Buddha, existen dos maneras de rendir homenaje. Una de ellas es la realización de ofrendas al Buddha. Se pueden ofrecer los cuatro requisitos al Buddha, ante un altar o ante el árbol Bodhi. Así pues, realizar ofrendas es una de las formas de reverenciar al Buddha.

 

La otra forma de rendir homenaje al Buddha es practicar sus Enseñanzas. De estas dos formas, la mejor es rendir honor mediante la práctica. Así pues, cuando practicamos sus Enseñanzas, especialmente cuando practicamos la meditación vipassana, estamos rindiendo homenaje al Buddha de la mejor forma posible.

 

No es fácil realizar un retiro. El primero y segundo días son especialmente difíciles para los principiantes. Aquellos que no han realizado ningún retiro anteriormente tienen que acostumbrarse a la rígida disciplina. Cuesta tiempo. Pero a partir del tercer día, aproximadamente, los principiantes se acostumbran a la práctica y ganan confianza y concentración. Los días del medio son generalmente los mejores para los meditadores. Y ¿qué ocurre con el último o los dos últimos días? Muchos empiezan a sentirse inquietos y desasosegados, comenzando a pensar en lo que deben hacer cuando acabe el retiro. Por lo tanto, este par de días no suelen ser demasiado buenos. Los días del medio son los mejores. En un retiro de una semana, se aprovechan realmente cuatro o cinco días aproximadamente. Si el retiro dura catorce o quince días, también es posible que los días del medio sean los mejores.

 

Cualquiera que sea vuestra situación en el retiro, abandonaos a la práctica. Sacad lo mejor de este retiro, sacad lo mejor de esta práctica, pues no es fácil conseguir una oportunidad como ésta para practicar meditación, ni siquiera en los países buddhistas. Hay mucha gente en nuestras tierras que no tiene la oportunidad de practicar meditación vipassana. Actualmente hay muchos que desean practicar meditación vipassana.

 

Es muy gratificante saber que muchas personas en los Estados Unidos de América tienen la oportunidad de practicar meditación vipassana.

 

¿Cuáles son los prerrequisitos para la práctica de la meditación vipassana? El prerrequisito básico y condición indispensable para la práctica de meditación, ya sea meditación de tranquilidad (samatha) o meditación vipassana, es lo que llamamos "Sīla", que se traduce como virtud o pureza moral.  En el buddhismo se enfatiza en gran manera la virtud (sīla).[1] El Buddha nos ofreció un completo y detallado plan para el desarrollo espiritual. Dicho plan consta de tres pasos o etapas, (1) virtud (sīla), (2) concentración (samādhi) y (3) sabiduría (paññā).

 

Estos tres pasos o etapas deben ser practicados uno tras otro. Sin la práctica del primer paso, no es posible practicar el segundo paso. Y si el segundo paso no es alcanzado, el tercero tampoco será logrado. Los tres pasos o etapas del desarrollo personal espiritual deben ser dados uno tras otro.

 

Cuando practicamos meditación, estamos desarrollando la segunda y tercera etapa (samādhi y paññā). El segundo y tercer paso no pueden ser andados si no hemos andado el primer paso que es virtud (sīla). Cuando la virtud de una persona no es limpia y está manchada, la persona siente algo parecido a un sentimiento de culpabilidad o remordimiento. Por lo tanto, debemos mantener la pureza de virtud. Nos sentiremos culpables si hemos roto las reglas o nuestra virtud no es pura. Este sentimiento de culpabilidad volverá a nosotros una y otra vez especialmente cuando nos sentemos a meditar. Debido a que durante la meditación intentamos mantener nuestras mentes limpias, lejos de las impurezas mentales, es entonces en ese momento que ese sentimiento de culpabilidad o remordimiento tiende a volver a nuestra mente una y otra vez. Cuando existe este remordimiento, cuando existe este sentimiento de culpa, volviendo a nosotros una y otra vez, no podemos conseguir la necesaria concentración. Y cuando no podemos conseguir la concentración, no puede surgir la sabiduría que penetra la naturaleza de las cosas, la sabiduría necesaria para comprender la realidad.

 

Cuando purificamos nuestra virtud (sīla), abandonamos el sentido de culpabilidad y en su lugar aparecen sentimientos de gozo y felicidad. Estos sentimientos libres de remordimiento, llenos de gozo, de tranquilidad y de felicidad, nos conducirán a la concentración. Para conseguir la concentración necesitamos felicidad mental y también confort para el cuerpo. Y éstos sólo se pueden obtener después de haber purificado la conducta moral, después de haber limpiado nuestra virtud (sīla). Al purificar nuestra conducta moral podremos conseguir, gracias a la meditación, el conocimiento cabal de la realidad, que es sabiduría (paññā). Por lo tanto, la virtud (sīla) es de gran importancia en la práctica buddhista.

 

¿Cómo puede una persona purificar su virtud? ¿Qué debe hacer para tener su virtud limpia? Nadie puede tener una virtud completamente limpia hasta que emprende la práctica de la meditación. Si una persona ha roto algunas reglas en el pasado, hay dos cosas que puede hacer. La primera de ellas es no recordar los actos demeritorios; intentar olvidar esas acciones insanas. Lo segundo es realizar tantos actos meritorios como sea posible para cerrar el paso o bloquear la acción del kamma negativo.

 

Respecto a la pureza de la virtud (sīla), cuando vayáis a practicar meditación, debéis tomar compromiso con los preceptos y evitar romperlos. Si os comprometéis con los preceptos y los mantenéis intactos, vuestra virtud estará libre de manchas, libre de impurezas. Éste es el camino para obtener unos firmes y necesarios fundamentos para la práctica de la meditación, para lograr la concentración (samādhi) y sabiduría (paññā). La virtud es el  cimiento indispensable sobre el que se edifica la concentración. Este cimiento se obtiene  mediante la toma de los preceptos y la observancia de los mismos. Por este motivo recitamos los preceptos cada día y los protegemos. Cuando nuestra virtud tenga una base firme, entonces aparecerán la concentración (samādhi) y la sabiduría (paññā)

 

Tan importante es la pureza de la virtud que el Venerable Buddhaghosa dedicó un capítulo completo para la virtud en su libro Visuddhimagga. Esta obra ha sido traducida al inglés como The Path of Purification (El Camino de la Purificación). Su primer capítulo trata acerca de la pureza de virtud (sīla). Aunque desafortunadamente, el autor se refiere a la virtud con relación a los monjes y no respecto a los laicos. Ello es debido a que estos libros están escritos por monjes para monjes. Así pues, lo descrito en esta obra se refiere a los monjes, a la forma en que ellos deben mantener la pureza de virtud.

 

Los laicos pueden purificar su virtud simplemente tomando los preceptos y protegiéndolos, manteniéndolos intactos. Para tener un buen cimiento de virtud, esto es suficiente para los laicos.

 

El Comentarista también elogia la pureza de virtud. Y esto puede aplicarse tanto a la virtud de laicos como de monjes. ”¿Quién se atreve a poner límite a los beneficios que proporciona la virtud? Sin virtud, ningún cabeza de familia puede progresar en la Enseñanza (sāsana).”[2]  "Sāsana" aquí significa la Enseñanza del Buddha.

 

“Ni el Ganges, ni el Yamuna, ni el Sarabhu, ni el Sarassathi, ni el Aciravati, ni el noble río Mahi, pueden limpiar las impurezas de los seres que respiran en este mundo”. Todos éstos son nombres de ríos de la India. Las aguas de estos grandes ríos no sirven para eliminar las impurezas de los seres vivientes.

 

“Sólo el agua de la virtud puede purificar a los seres vivientes”. Las impurezas de los seres, las acciones insanas (akusala), sólo pueden ser purificadas con el agua de la virtud, la pureza de virtud (sīla).

 

“Ni la brisa que llega trayendo la lluvia, ni bálsamos de sándalo amarillo, ni collares y piedras preciosas, ni el suave resplandor de los rayos de luna, sirven aquí para calmar y aliviar los males de los seres de este mundo”

 

“¿Dónde puede ser encontrada fragancia que pueda compararse con la fragancia de la virtud? ¿Cuál es el aroma que consigue viajar en contra del viento con la misma facilidad que teniendo el viento a favor?” No hay aroma, no hay fragancia que pueda propagarse en contra del viento, pero la esencia de la virtud sí puede viajar en contra del viento.

 

“¿Dónde puede ser encontrada una escalera, que al igual que la escalera de la virtud, pueda llegar hasta los reinos celestiales?” Esto significa que la virtud es semejante a una escalera para alcanzar las moradas celestiales, los reinos de los Devas.

 

 “¿Qué otra puerta puede introducirnos en la Ciudad del Nibbāna?” Para entrar en la Ciudad del Nibbāna hemos de ingresar por una puerta, y esa puerta es la virtud. Si no accedemos por la puerta de la virtud, no podremos llegar a la Ciudad del Nibbāna.

 

“No hay reyes que, adornados con alhajas y piedras preciosas, puedan alcanzar tanto esplendor como el hombre moderado, ornamentado con las joyas de su virtud.” No hay mejor adorno que la pureza de virtud. Puedes engalanarte cubriéndote con todo tipo de alhajas, joyas y pedrería, pero si no posees pureza de virtud nadie dirá que estás realmente adornado.

 

“La virtud suprime por completo el temor de la culpa y otros semejantes.” Cuando hemos cometido una acción incorrecta, la primera consecuencia negativa que obtenemos es la auto-culpabilidad. Nuestro sentimiento de culpabilidad es debido a que somos conscientes de haber cometido una acción incorrecta. Ni siquiera es necesario que otros conozcan nuestra acción insana, nosotros ya somos conscientes de ella. Por eso existe el sentimiento de culpabilidad. El sentimiento de culpabilidad puede ser eliminado por completo actuando de forma virtuosa.

 

“La virtud ofrece a los virtuosos felicidad y buena reputación”. Este breve esbozo explica cómo la virtud brinda recompensa y cómo esa misma virtud, raíz de toda buena cualidad, roba su poder a toda falta. Tener una virtud sin tacha es algo muy elogiado. Tener una virtud inferior o una virtud manchada es algo muy imputable en las escrituras.

Pues bien, comprometiéndonos y protegiendo los preceptos, construimos un fuerte cimiento para la concentración y para la sabiduría. Esta mañana os habéis comprometido con los Ocho Preceptos, ya que es mejor tomar el grupo de ocho preceptos que tomar el grupo de cinco. Aunque no se guarden los Ocho Preceptos, es posible ser una persona virtuosa si se mantienen intactos los Cinco Preceptos. Los Cinco Preceptos son el requerimiento mínimo para todos los buddhistas, para todos aquellos que afirman ser seguidores del Buddha.

 

Ni los Cinco Preceptos ni los Ocho Preceptos son exclusivos del buddhismo. De acuerdo con nuestros libros, los preceptos ya existían cuando todavía no había Buddhas ni enseñanzas de los Buddhas en el mundo. Los Cinco Preceptos son el código mínimo de conducta ética para cualquier persona.

 

Los preceptos no son lo mismo que los mandamientos del cristianismo. Una persona decide abstenerse de algo y se compromete a ello, eso es un precepto. Es parecido a una promesa. Él o ella mantiene los preceptos intactos.

 

¿Cuáles son los Cinco Preceptos? El primero es la abstención de matar. Esta mañana habéis dicho: “Me comprometo con el precepto de abstenerme de matar”. Abstenerse de matar significa abstenerse de quitar la vida a cualquier ser vivo, no solamente a los seres humanos sino a todos los seres vivientes. La abstención de matar se extiende también a los animales. Este precepto es algo completamente natural y lógico. Si os ponéis en la posición del otro ser, comprenderéis que es equivocado matar, no sólo a seres humanos sino a cualquier ser vivo. Vosotros no queréis que os quiten la vida, no queréis morir. Todos los seres son iguales a vosotros, apegados a sus vidas. Por lo tanto, no es correcto matar a otros seres. El precepto de la abstención de matar es un precepto natural.

 

El segundo precepto dice: “Me comprometo con el precepto de abstenerme de robar”. Robar significa apropiarse de algo que el propietario no nos ha dado. Esto incluye hurtos, robos, engaños y acciones semejantes. Este precepto también procede de ponerse uno mismo en la situación del otro. No queréis que os roben vuestras pertenencias. Por lo tanto, es lógico que no robéis las pertenencias de otros.

 

El tercer precepto, aquí en el retiro, dice: “Me comprometo con el precepto de abstenerme de cualquier relación sexual”. Cuando se toman los cinco preceptos, el tercer precepto únicamente se refiere a la abstención de la conducta sexual incorrecta o inadecuada, pero no a la abstención de toda relación sexual. La conducta sexual incorrecta es la relación con personas menores de edad, el adulterio, etc. En el grupo de  ocho preceptos, el tercer precepto consiste en la completa abstención de sexo y en el grupo de cinco preceptos únicamente se rompe el precepto cuando se incurre en conducta sexual desviada o incorrecta. Ésta es la diferencia.

 

El cuarto precepto dice: “Me comprometo con el precepto de abstenerme de mentir”. La abstención de decir cosas falsas es el cuarto precepto. Para romper el precepto es necesario que haya existido intención de engañar. A veces pensamos equivocadamente que algo es cierto o estamos seguros de que algo es verdadero y por eso lo decimos, pero eso no es romper el cuarto precepto. Mentir es decir algo con la intención de engañar. Este precepto es realmente difícil de mantener intacto. En ocasiones decimos algo falso a otra persona para complacerla. Es lo que se llama una “mentira piadosa”. De todas formas, una mentira, sea “piadosa” o “no piadosa”, siempre es una mentira y por lo tanto es perjudicial y debe ser evitada. También la abstención de mentir significa la abstención de pronunciar palabras que causen perjuicio, daño u ofensa a otros. Si una mentira no provoca todas estas cosas, esa mentira es menos negativa. Aunque toda mentira es perjudicial, hay algunas peores que otras. En lo posible, deberíamos abstenernos de cualquier tipo de falsedad, pero sobre todo deberíamos evitar las palabras que causan daño, dolor y perjuicio a otros seres.

 

Se dice que el Bodhisatta, que después se convirtió en el Buddha Gotama, nunca dijo una mentira. Quizás rompió otras reglas, quizás en alguna ocasión rompió el primer precepto y mató algún ser vivo, pero se dice que nunca mintió. Esto es prácticamente imposible para la gran mayoría de nosotros.

 

Dicen las escrituras que los parientes del Buddha tampoco mentían en ninguna ocasión. Había un hombre llamado Vidūdabha, que era el hijo de un Sakya y de una esclava. Él deseaba fervientemente vengarse de los Sakyas. En cierta ocasión consiguió gran poder e intentó matar a todos los Sakyas. Cuando se encontraba con uno de ellos le preguntaba: "¿Quién eres tú?" Si el otro decía que era un Sakya, le quitaba la vida; pero si decía que no lo era, lo dejaba vivir. Aun así, los Sakyas no mintieron. Decían siempre la verdad aun a riesgo de ser asesinados por Vidūdabha. Los parientes del Buddha también guardaban este precepto en toda ocasión. Nunca pronunciaban palabras falsas.

 

El quinto precepto dice: “Me comprometo con el precepto de abstenerme de licores que causan intoxicación y descuido”. En la formulación del precepto solo se nombra el licor, pero este quinto precepto no se refiere únicamente a las bebidas alcohólicas, sino que también las drogas se incluyen aquí. Cualquier cosa que nuble la mente, cualquier sustancia que haga olvidar los actos meritorios, debe ser incluida en este quinto precepto. Así que, no a los licores, no a las drogas.

 

Éstos son los cinco preceptos. Se dice de la persona que no los rompe, que su conducta moral es pura. Se dice de ella que es una persona virtuosa; que tiene un buen cimiento de virtud. Si una persona desea pulir su virtud todavía más, entonces puede comprometerse con los Ocho Preceptos. Los buddhistas se comprometen con los Ocho Preceptos en días especiales, algo parecido a los domingos en la tradición cristiana.

 

En un mes lunar tenemos dos mitades. En luna llena, en luna nueva y el octavo día entre ambos, sumando un total de cuatro veces al mes, los buddhistas intentan observar estos Ocho Preceptos. Los buddhistas se comprometen con estos Ocho Preceptos para tener una virtud aún más pura. A esta forma de mantener pureza de virtud se le llama también “Uposatha Sīla”.

 

El sexto precepto dice: “Me comprometo con el precepto de abstenerme de comer después del mediodía”. Esto significa no comer a horas inapropiadas. “Horas inapropiadas” significa que hay que abstenerse de comer por la tarde. En los tiempos del Buddha, los ascetas no debían comer por la tarde. Para los ascetas, para los monjes, la tarde es un tiempo inadecuado para comer. Así que los monjes se abstienen de alimentarse después del mediodía. Cuando los laicos guardan este precepto también se abstienen de comer después del mediodía.

 

El séptimo precepto dice: “Me comprometo a abstenerme de bailar, cantar, música, espectáculos indecorosos, del uso de guirnaldas, perfumes y ungüentos, y otras cosas que tienden a embellecer y adornar la persona”. Por lo tanto, ni flores, ni perfumes, ni cantos, ni bailes. Comprometerse con la abstención de todo eso es el séptimo precepto.

 

El octavo precepto dice: “Me comprometo con el precepto de abstenerme del uso de lechos y asientos altos y lujosos”. Algunas personas que han tomado los preceptos me preguntan si en este país pueden dormir en camas o si pueden utilizar sofás, sillas y cojines. Según los patrones asiáticos, los colchones, camas y objetos similares podrían considerarse lujosos, pero en Occidente son algo totalmente convencional y habitual. Por lo tanto, el uso de camas, cojines y otros objetos parecidos no conlleva la ruptura del octavo precepto.

Éstos son los ocho preceptos. Los cinco primeros pueden ser denominados “preceptos universales”. El grupo de ocho incluye algunos preceptos adicionales que deben ser observados ocasionalmente o cuando sea posible. Estos Ocho Preceptos constituyen lo que llamamos "Uposatha Sīla".

 

Y si queréis llevar a purificar vuestra virtud todavía más, podéis comprometeros con un precepto más, el precepto de no tocar oro ni plata, la abstención de manejar dinero. Cuando te comprometes con este precepto, el séptimo precepto se desglosa en dos, por lo tanto estás observando un total de diez preceptos. Para los laicos hay grupos de cinco preceptos, ocho preceptos o diez preceptos. Se puede escoger cualquiera de los tres conjuntos de preceptos. El conjunto de cinco preceptos es el requerimiento mínimo de conducta ética que deben seguir los buddhistas.

 

¿Qué pensáis de todos estos preceptos? Comprometernos con los preceptos nos vuelve más restringidos, estrecha nuestras actividades. Pero desde otro punto de vista, con cada acto de abstinencia estamos ganando auto-control sobre nosotros mismos. Nos estamos conquistando a nosotros mismos. Si hacemos siempre aquello que nos apetece, somos esclavos de nuestros deseos. Siempre hemos estado actuando a merced de nuestras pasiones. Cuando tomamos los preceptos, estamos controlando nuestros deseos. Intentamos no hacer lo que nuestros deseos quieren que hagamos. Por lo tanto, ganamos control sobre ellos. Los preceptos nos parecerían más atractivos si los observamos como una forma de auto-conquista. Aspiramos a tener cada vez más pureza de virtud. Aspiramos a abstenernos de matar, de robar, etc. Nuestra sabiduría empezará a incrementar. Por lo tanto, cuando penséis que los preceptos no son nada atrayentes, pensad de esta manera: “Al comprometerme con los preceptos y guardarlos, estoy ganando control de mí mismo. Cada vez que tomo y observo los preceptos me estoy auto-conquistando”.

 

Los preceptos han sido designados para limpiar nuestras mentes de las corrupciones o las impurezas mentales. Existen acciones sanas (kusala-kamma) y acciones insanas (akusala-kamma). Como personas ordinarias, realizamos tanto acciones sanas como insanas la mayor parte del tiempo. Si no estamos realizando acciones sanas, entonces realizamos acciones insanas. La mayor parte del tiempo realizamos acciones insanas. Para liberarnos de las accione insanas, para limpiar nuestras mentes de las impurezas de las acciones perjudiciales, necesitamos auto-control. Necesitamos algunas normas, necesitamos los preceptos que han sido diseñados para limpiar las impurezas de nuestras mentes. Cuando te abstienes de matar, estás limpiando la ira y el odio de tu mente. Cuando te abstienes de robar, estás limpiando la mancha de la avaricia. Cuando guardas el tercer precepto, estás limpiando la mancha de la lujuria y la avidez. Estos preceptos morales han sido designados para hacernos más felices, para incrementar nuestro auto-control y para purificar nuestra mente.

 

El siguiente es un verso del Dhammapada que resume las enseñanzas del Buddha: "No hacer ningún mal. Cultivar el bien. Purificar la mente. Ésta es la enseñanza de los Buddhas."[3] Para la purificación de la mente nosotros necesitamos el cimiento de la virtud. Nosotros podemos purificar nuestras mentes por medio de la virtud.

 

La virtud atañe a las acciones corporales y verbales. Sin embargo, estas acciones corporales y verbales no pueden existir sin la mente. Estrictamente hablando, la virtud es el control de las acciones corporales y verbales. Cuando uno toma el primer precepto dice: “Me comprometo con el precepto de abstenerme de matar”, y se abstiene de una determinada acción corporal. Matar es un acto que se lleva a término mediante la acción corporal. Cuando uno se compromete con este precepto y lo mantiene intacto, está controlando la acción corporal.

 

Con el precepto de abstención de mentir, uno controla las acciones verbales. Así pues, la virtud concierne a la acción corporal y verbal; uno se abstiene de determinados actos corporales y verbales. Cuanto más os abstengáis de ciertas acciones corporales y verbales, en mayor medida obtendréis pureza de virtud.

           

Aunque tengamos el deseo de matar, el deseo de quitar la vida a un ser humano o a un animal, mientras no realicemos esta acción corporal, no rompemos el precepto. La virtud es el control de las acciones corporales y las acciones verbales. Sin embargo, para conseguir un control total sobre las acciones corporales y verbales, es necesario controlar la mente.

 

Hay gente que piensa equivocadamente que para mantener intacto el precepto de no matar, no hay ni siquiera que tener el pensamiento de matar. Esto no es correcto. Es imposible para un persona común controlar sus pensamientos. A veces podéis tener el deseo de quitar la vida a algún animal, a algún ser vivo. También a veces podéis tener el deseo de coger algo que no se os ha dado. Pero si no robáis, si no matáis, estáis manteniendo intactos los preceptos, vuestra virtud es pura. La virtud ha sido diseñada para el control de las acciones corporales y verbales. Sirve para purificar las acciones corporales y verbales.

 

Y en definitiva, ¿qué estamos tratando de hacer? Estamos tratando de purificar nuestras mentes. Para la purificación de la mente, la virtud no es suficiente ya que podríamos pensar en quitar la vida de algún ser. Podemos, de repente, estar pensando en robar. O podemos estar pensando en beber alcohol. Estos pensamientos son insanos y ciertamente estamos creando un kamma malsano. La virtud no es suficiente para purificar la mente, por eso hemos de practicar la meditación. Únicamente con la concentración (samādhi) y la sabiduría (paññā) podemos purificar nuestras mentes. Por lo tanto, la virtud (sīla) purifica las acciones corporales y verbales. La concentración (samādhi) purifica la mente. La sabiduría (paññā) purifica totalmente nuestras acciones mentales. El Buddha nos ofreció este completo plan consistente en la virtud (sīla), concentración (samādhi) y sabiduría (paññā).

 

A veces puede ser muy difícil guardar los preceptos. En ocasiones os podéis tropezar con una situación difícil, con un dilema. Os enfrentaréis a romper una regla u ofender a alguien.

 

Voy a contaros una historia. Es un relato sobre mí mismo. No es bueno hablar demasiado sobre uno mismo, pero dejad que os cuente esto. Hice un viaje a Japón en 1978. Teníamos planeado permanecer en una casa. Al llegar a la casa, la dueña de la casa me preguntó: “¿Qué desea beber?” Se estaba refiriendo a beber licor. Así que le dije: “No bebo, gracias”. Creo que aquello le disgustó. En nuestros días rechazar una invitación es una falta de cortesía, pero yo no podía hacer otra cosa. Así que le dije que tomaría algo sin alcohol y ella me trajo una bebida sin alcohol. Más tarde ella empezó a cocinar. Me dijo: “Le voy a guisar una cena exquisita”. De nuevo un dilema. Le hice saber que yo no podía cenar. Ella dijo: “No es posible, es una costumbre japonesa, siempre que llega un huésped hay que darle de comer”. Yo contesté: “No puedo comer nada. He llevado los hábitos durante treinta años y nunca he roto este precepto”. Entonces ella se sintió más alterada. Le dije que miraría la televisión durante la cena. En todos los programas de televisión se hablaba japonés, así que tampoco pude ver la televisión. Por último, su marido me trajo un libro sobre budismo y me puse a leer.

 

Os cuento esta historia para que comprendáis que a veces os podéis encontrar en una situación verdaderamente difícil, tanto si rompéis la regla como si rechazáis lo que os ofrecen. Fui muy descortés al rechazar los alimentos o bebida por la tarde. Pero luego, cuando pienso en ello, me alegro por no haber roto los preceptos.

 

Guardar los preceptos puede brindar mucha felicidad, pero al mismo tiempo puede ser muy embarazoso. Al principio puede ser muy difícil reprimirse de esto o aquello. Pero después de un tiempo, cuando miréis hacia atrás, sentiréis satisfacción. Sentiréis gozo por haber conseguido mantener los preceptos intactos y por haber tenido la firmeza necesaria para rechazar la tentación. Cuando tengo que interrogar a alguien, a algún monje que tiene que partir al exterior, le pregunto si será capaz de resistir esto o aquello cuando se encuentre en este o aquel tipo de situación. Si dice “sí”, entonces le doy autorización.

 

A veces es muy difícil seguir las reglas. Si uno consigue mantener los preceptos, la compensación será grande. El gozo y satisfacción obtenidos gracias a la renuncia no puede ser comparado con el gozo y satisfacción que proporciona el objeto o la acción rechazada. Pueden ofrecer todo el dinero del mundo, cualquier cosa de este mundo, pero nada hay que pueda equipararse con el gozo de la renunciación. Los preceptos son atractivos si los miramos de este modo. Podéis alardear de haberos conquistado a vosotros mismos y de ser capaces de resistir esta o aquella tentación, pero tened en cuenta que el orgullo no es cosa buena. Por favor, no temáis en mantener intactos los preceptos. Cuantos más preceptos guardéis, mayor es el autocontrol.

 

Los laicos pueden comprometerse a observar los Cinco Preceptos, Ocho Preceptos o Diez Preceptos. Los monjes tienen que observar doscientas veintisiete reglas. Éstas son las reglas básicas. Hay muchas más reglas. Los preceptos pueden darnos verdadero gozo y satisfacción. La virtud será un poderoso fundamento sobre el cual construir la concentración (samādhi) y la sabiduría (paññā). Sólo cuando tengamos pureza de virtud podemos esperar progresar en la concentración y sabiduría. Por eso insisto a los yoguis en guardar los preceptos durante los retiros. Sólo así pueden estar seguros de que su virtud es pura, limpia y de que tienen una buena base para alcanzar la segunda y tercera etapa, concentración y sabiduría respectivamente.

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* La Virtud (Sīla) por Venerable U Silananda. Plática impartida el 31 de agosto 1985. Traducción al español por Jorge Fabra. La fuente usada es "Times New Roman" que contiene algunas de las marcas diacríticas de la Lengua Pali; las demás marcas diacríticas no disponibles en esta fuente han sido reemplazadas con letras normales. Este material puede ser reproducido para uso personal, puede ser distribuido sólo en forma gratuita. ©CMBT 2003. Última revisión domingo, 13 de julio de 2003. Fondo Dhamma Dana.




[1] N. del E. En las Publicaciones Fondo Dhamma Dana la voz pali "sīla" también se traduce como moralidad.

[2] Visuddhimagga i 10.

[3] Dhammapada verso 183.